NO LA LLAMEN LOLA

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NO LA LLAMEN LOLA

Los obligatorios equilibrios territoriales han convertido en ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad a una señora que es cofrade del cava en San Saturnino de Noya y que se llama Dolors Montserrat, que si hubiese nacido en Sanlúcar de Barrameda sería venenciadora de manzanilla y se anunciaría como Lola de la Caridad. El caso es que a la España de las autonomías le sobran denominaciones de origen y la faltan políticas nacionales, y por eso es de celebrar su anuncio (tal vez sólo globo-sonda que a lo peor terminará pinchado por la pestilente socialdemocracia gubernamental) de repensar el sistema de copago de la factura farmacéutica.

Una medida más imprescindible que necesaria contra la que ha salido en tromba toda la clase política andaluza, con la presidenta Díaz y la secretaria del sindicato vertical Castilla, a la cabeza. Es cierto que resulta complicado condensar un asunto tan sensible en una respuesta de treinta segundos y que Montserrat pudo explicarse mejor, pero de ahí al vapuleo unánime… Si a Amancio Ortega, que tiene 80 años, le receta su médico de cabecera un arsenal de pastillas, abonará por ellas un máximo de 18 euros al mes y ese techo es menos de la mitad (8 euros) para el pensionista con menos recursos.

No se puede decir que el sistema sanitario español esquilme a sus jubilados, habida cuenta de que el resto de sus servicios es completamente gratuito, al contrario que en países como Alemania o Francia; y ni hablemos de Estados Unidos. El gobernante responsable no debe pues partirse la camisita, sino preguntarse si el Estado dispone de recursos para sostener este gasto. La respuesta es sí, siempre que se racionalice el personal de la Administración y/o se clausuren las radiotelevisiones públicas. Ahí los quiero ver.

Lucas Haurie ( La Razón )

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