NO SEAN PELMAZOS

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NO SEAN PELMAZOS

En los últimos años los políticos han sufridos acosos y escraches; esa cacería no sólo es peligrosa para ellos, sino para la Democracia.

A veces se considera a los gobernantes -injustamente- como charlatanes, voceras, bocones, puchelantes, comecocos o sectarios; ese aborrecimiento querían transferirlo a los que escribimos en los periódicos. No hay día en el que alguien no te aconseje que des caña, leña o cera al mono hasta que cante el catecismo. Esas expresiones coloquiales de la gente han sido somatizadas por los políticos y los que están en el mando hacen el papel de mono o muñeco de feria.

Se ha exagerado la sed de poder, se ha descrito a los políticos como ladrones, locos sin delirio, gente sin alma. Ellos se esfuerzan en decir que salen vírgenes del prostíbulo o con las manos limpias del monipodio y, a pesar del bullying al que son sometidos, crecen las vocaciones. Más que una enfermedad mental, el afán de poder es una psicopatía menor, un talento para enredar, darle a la mojarra, provocar conflictos donde no los hay y confundir su partido con la nación.

Al final de la moción de censura contra Mariano Rajoy se ha confirmado que los noes y abstenciones suman más que los síes al Gobierno. Enseguida los partidos de la oposición han asegurado que la lucha para echar al PP continúa, incluso ponen fecha: antes de Navidad.

Para ello cuentan con Pedro Sánchez, el político que más insistió en el no es no a Mariano Rajoy. Contra todo pronóstico -incluido el mío-, el dirigente del PSOE con la cabeza en la mano le ganó la batalla al Estado; esa victoria debiera convencernos de que para él la conquista del Gobierno sería una guerrilla menor. En su artículo en EL MUNDO reconoce que la tercera moción de censura de la Democracia ha sido derrotada y las expectativas frustradas. “Seguro -escribe- que sintieron una gran decepción viendo a la nueva política peleándose a garrotazos, mientras Rajoy sacaba réditos del espectáculo”.

Parece que a Pedro le ha sentado bien la purga y va a prescindir del garrote para echar a Rajoy. Ha traído del desierto, donde lo tuvieron recluido los mercaderes del templo, un vocablo más fino, más reformista: desbancar. Es decir, sustituir, quitar sin dar empujones, como se hace en Wall Street: ocupar la casa que tiene Rajoy sin escándalo. Quiere desbancar al Gobierno, pero con una amplia mayoría parlamentaria, llamando a las fuerzas del cambio en las próximas semanas. Aspira a que el nuevo PSOE atraiga a millones de personas que anhelen participar en un proyecto político por encima de partidos e ideologías. Éste no es el Pedro de las negaciones, sino la piedra donde se edificará la nueva socialdemocracia si consigue la hegemonía de la izquierda.

“¡Ay, Portugal! ¿Por qué te quiero tanto? (…) Oporto riega en vino rojo las laderas”. Hagan Gobierno a la lusitana o a la griega, tumben a Rajoy, pero no nos tengan otro año encerrados con el juguete del narcisismo y la psicopatía de partido. No pacten con los separatistas y no sean pelmazos.

Raúl del Pozo ( El Mundo )

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