¿ Nos querrá dejar hablar, Sr. Sánchez ?

pedrot

¿Nos querrá dejar hablar, señor Sánchez?

El candidato socialista llegaba al debate desesperado por las encuestas, buscando un K.O. que le permitiera recuperar el lugar y las posibilidades que el mismo había perdido en una campaña absurda donde lo único que ha logrado es desnortar su posición de alternativa. Su mala educación culminada en un insulto personal, bronco y tabernario, le hicieron salir peor que entró. En la noche del lunes el “Hasta aquí hemos llegado” con que Rajoy le cortó en seco y volteó el debate bien pudo significar también el “hasta aquí ha llegado usted señor Sánchez en su carrera política”. Porque ayer pudo perder ya lo poco que le quedaba. Porque sus formas, modos y maneras fueron absolutamente impropias de alguien que aspira a presidir un país y así lo percibió ese común de las gentes que aún entiende la educación y el respeto como normas de mínima convivencia.

Sánchez podía haber ganado el debate y aunque comenzó muy mal y hubo de ser advertido por el moderador (por primer y única vez para permitir después un espectáculo de juego sucio lamentable) cuando ya de inicio, con alusiones hasta macarras como la mitinera y reiterada de que Rajoy no iba a comparecer por miedo, desperdició su primer turno. Pero luego se rehizo y comenzó a ir de subida con un ataque continuo, reiterado en nombres (Barcenas salio en el primer segundo y lo hizo más de una treintena de veces) y acusaciones. La técnica utilizada fue no ya la de interrumpir al adversario sino de no dejarle literalmente hablar , impidiendo hasta el inicio del argumento, embarrando todo el juego y con su voz siempre mezclada y tapando la de Rajoy cuando este quería darle la réplica. Aquí el papelón del presunto moderador, Manuel Campo Vidal, iba a alcanzar ya valor de protagonismo pues lo suyo fue un espectáculo de inacción total y de permitir la violación ya no de una norma de juego sino del juego más tobillero y sucio sin hacer otra cosa que poner cara de pasmo. El “moderador pasmado” podía perfectamente haberse marchado y hasta se hubiera agradecido su ausencia.

El tramo primero era, además, el económico, donde, la evidencia de la situación y de los datos, en comparación con el legado dejado por los socialistas, ponían en ventaja a Rajoy. Pero Sánchez, con esa connivencia de que le dejaran practicar cualquier marrullería, achicó todo el espacio y hasta iba sacando ventaja. Puntitos, pero ventaja. No perdía mucho el Presidente, pero el como aspirante podía ganar enteros, máxime cuando ya no es como antes, cuando había dos más en liza, que aunque no jugaban ese encuentro, se iban a ver muy afectados por el resultado: Rivera e Iglesias. Podía haber conseguido polarizar el debate, haberlo hecho siquiera y haber sacado rédito. Porque los dos anteriores, los de a tres y a cuatro, los traía perdidos y su posición en almoneda. Podía en suma haber hecho un debate. Como hicieron Aznar con González o Zapatero con el propio Rajoy, dos veces, y con el socialista, siempre sonriente y educado o el último con el correoso pero siempre correcto Rubalcaba. Podía haberlo hecho y hasta haberlo ganado o empatado al menos. Pero no quiso hacerlo. Fue a otra cosa y acabo siendo él quien acabó enfangando su imagen, marcado para el futuro y en muy buena medida inhabilitado como alguien que aspira a ser un hombre de Estado y un presidente del Gobierno.

Salió en la segunda parte, no se que le dijeron ni que le aconsejaron o que se le pasó por la cabeza, no solo dispuesto a no moderar sus formar sino llevarlas al paroxismo y atacar con todo. Y en el todo eligió como bala definitiva el insulto. Y el “indecente”-busquen los sinónimos en el DRAE-le reventó en la cara. Allí cambio el rumbo y allí, eso también, se acabó el debate porque ya se convirtió definitivamente en otra cosa. Pero se convirtió en ello porque Sánchez quiso, porque no pretendía o no supo hacer otra cosa. Aquello ya no fue sino una riña tumultuaria, aunque fuera a dos. Pero hay una clara responsabilidad en ello. Hubo alguien que ofendió primero y otro quien no tuvo ya otro remedio que defenderse.

Ya antes, Sanchez, había pisado casi la línea roja, había llamado decenas de veces mentiroso a Rajoy, pero podía entenderse como “mentira política” pero ahora con lo de indecente fue a la persona, directamente.

Y para mi ahí estuvo la clave. La replica con ese “Hasta aquí hemos llegado’, cambió el signo y ya Rajoy entró con todo. Calificó el insulto recibido de “ruin, mezquino y miserable” y aceptó, no le quedaba otra, el combate cuerpo a cuerpo. Porque no haberlo hecho hubiera sido cobardía y dar la ofensa como buena. Para él no era lo deseado, pero para Sánchez fue letal el resultado. Porque creo que la frase también podría trasladarse a un “Hasta ahí llegó Pedro Sánchez”. Sánchez jugando a la desesperada, a la desesperada perdió. El minuto final de ambos reflejó ya estado de ánimo. Sánchez la leyó y no estaba. Ni siquiera se despido. Su gesto era crispado. Rajoy acabó con sonrisa, quizás hasta de alivio, y concluyó, al menos, con un sonriente buenas noches. A la salida el lenguaje corporal dijo mucha otras cosas. El presidente se paró y se explicó, calmoso, mientras su entorno sonreía. Sánchez salió a escape y en las fotos el ceño del uno y del otro decían mucho más que las palabras. Luego las encuestas digitales dieron también claves. Y eso que por lógica Rajoy tendrá ahí siempre desventaja. Todos los contrarios, que no tienen porque ser de Sánchez votaran en su contra. Pero El País cerró precipitadamente la suya cuando Rajoy ya casi, remontando, empataba y en el Mundo, El Confidencial, Voz Populi y otros medios no precisamente afines la victoria era muy holgadamente suya y ya por goleada en los que pueden situarse más en su campo como ABC y La Razon.

Sánchez había perdido el tercero de los tres debates. Rajoy, en realidad, tampoco había podido ganar nada, porque no pudo ni siquiera hacerlo ni trasmitir con mínima nitidez apenas ningún mensaje. Pero no perdió tampoco y era además el sufridor de los insultos, malas formas y peores artes del otro. Salir indemne le hacia salir reforzado. Desde luego, y bastante, entre los suyos. No creo que perdiera votos esa noche. Pero quien si lo hizo y además dejó de ganar algunos posibles fue Pedro Sánchez. Por el centro hacia Rivera y por la izquierda hacia Iglesias. Sin estar, ellos resultaron los grandes beneficiados pero sobre todo del fiasco de Sánchez. Bien contentos aparecieron , se les notaba y tenían sobradas razones para estarlo .El del lunes fue, casi no hay duda de ello, el último debate del bipartidismo y ellos estarán con seguridad en los próximos y se batirán con Rajoy en el Parlamento. La impresión es que jamás lo harán como lo hizo Sánchez. Albert Rivera en absoluto, pero es que Pablo Iglesias, que es capaz de las acusaciones más duras, y de hecho las ha expresado, tampoco ha descendido nunca a tales grados. Ha resultado mucho más fino y educado que el que ayer era el lider del PSOE. El día 21 de diciembre veremos si lo sigue siendo.

Porque el día 20 donde vamos a hablar todos será en las urnas y entonces creo que ya Pedro Sánchez tendrá que permitir que alguien hable. Porque ese día ¿Nos querrá dejar hablar usted, señor Sánchez?

Antonio Pérez Henares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*