Nos resuena todavía en la garganta

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Nos resuena todavía en la garganta

A una ministra noruega la han acusado de xenófoba por llevar un crucifijo, como si la Cruz no fuera el símbolo de todos los perseguidos, el precio que el hijo de Dios pagó por legarnos el don del amor y la libertad, la vida eterna en nuestras manos.

La Cruz no es xenófoba. Lo son los que querrían volvernos a ver colgados. Nosotros somos los de la misericordia, los del perdón, los del amor materno de María. Nosotros no somos los que matamos a los que no piensan o rezan como nosotros. Nosotros no somos los que mutilamos o lapidamos a los que viven como quieren sus vidas. Nosotros no somos los de las bombas ni los de los cuchillos ni los de los camiones.

Nosotros no somos los que matamos con la Cruz. Somos los que por llevar la Cruz, nos matan. Lucir el crucifijo no es un acto de xenofobia, sino de valentía, la misma valentía con que Cristo vivió y murió por nosotros. La misma valentía con que Dios nos mandó a su hijo para salvarnos y respetó nuestra libertad, que es su gran don, hasta cuando le asesinamos.

La corrección política es un totalitarismo que cada vez tensa más la cuerda. Supongo que callarse sería más fácil, y más rentable, pero precisamente porque somos los de la Cruz, nos resuena todavía en la garganta el grito con que Cristo estremeció al mundo cuando fue crucificado. Por eso no sabemos callar, y por eso podemos andar descalzos sobre las aguas.

Salvador Sostres

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