Nuestra libertad a cambio de mentiras

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Nuestra libertad a cambio de mentiras.

La gran mentira es que España se ha convertido en un país asolado por la pobreza. A esto se refieren en el ABC de hoy dos de sus más destacados articulistas: Luis Ventoso e Ignacio Camacho. El primero, afirma que no le encaja la multitudinaria presencia de aficionados españoles en las gradas de Niza con motivo del partido de la selección española de fútbol. Y se pregunta: “¿Cómo había conseguido ir hasta Niza toda aquella tropa, miles de personas, sabiendo como sabemos que es una de las ciudades más caras de Europa y que los españoles estamos sobreviviendo con el botijo y el bocata de mortadela, mientras esperamos un desahucio inminente?”. Y el segundo sostiene que algún día no muy lejano se sabrá “qué clase de factores de psicología colectiva han hecho posible el exponencial crecimiento de una prédica mentirosa hasta convertirla desde la cháchara televisiva en alternativa de poder”.

Con toda probabilidad, el asedio informativo a que estamos expuestos nos impide valorar y someter al imprescindible análisis crítico las repetitivas comunicaciones propagandísticas que recibimos. Y acabamos por creerlas. Lo cual nos ha llevado a interiorizar que hemos dejado de ser una de las grandes economías europeas y que nos hemos convertido en una Nación arruinada que es necesario salvar. De ahí a entregar nuestros votos a los “salvapatrias” que nos prometen la “Arcadia feliz” por tan módico precio hay un trecho tan fino que apenas cuesta darlo.

Lo que ocurre es que siempre que esos sedicentes conductores de las masas populares han alcanzado el poder se han hecho progresivamente con todos sus resortes. Y el primer medio del que se han valido para alcanzar su finalidad es restringir la libertad hasta hacerla desparecer. Lamentablemente, lo que enseña la realidad es que una vez que alcanzan el poder, aunque sea por vías democráticas, cuesta muchísimo que lo dejen. Hay todavía vigentes ejemplos antiguos (Cuba o Corea del Norte) y otros más recientes que se deslizan por esa pendiente (Venezuela).

Visto lo cual, me permito recordarles que “lo bueno que tiene la libertad es que permite decir lo malo que es no disfrutar de ella”.

José Manuel Otero Lastres ( ABC )

 

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