Nuestro Sirtaki ( El Español )

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 PEDRO J. RAMÍREZ

“Violar las grandes leyes de la naturaleza es un pecado mortal, no debemos apresurarnos o resistirnos sino obedecer el ritmo eterno”, le dice Zorba el Griego a su “patrón” británico. Y para demostrárselo le enseña a bailar el sirtaki.

La mayoría de quienes hace medio siglo se levantaron de las butacas de las salas cinematográficas fascinados por este final trepidante de la laureada película, creyeron que esa danza in crescendo, basada en cruzar los pies con la mano apoyada sobre el hombro de cada compañero de fila, era parte del folklore tradicional griego. Eso mismo piensan los turistas que, a pesar de la incertidumbre sobre si a partir de este lunes les darían el cambio en euros o dracmas, han seguido disfrutando de las alegres veladas en las tabernas de Atenas.

La verdad es que, aunque su fuente de inspiración fueran los ritmos lentos del “sirthos” y los rápidos del “pidikhtos”, el compositor Nikis Theodorakis inventó un baile completamente nuevo como plataforma de lucimiento para su subyugante banda sonora. Como si de una profecía autocumplida se tratara, el sirtaki se ha convertido 50 años después en una seña tan tópica de la identidad griega como las corridas de toros o el flamenco lo son de la española.

No es pues la primera vez que algún escritor u humorista gráfico representa con este baile la recurrente crisis griega en el seno de la UE. Sánchez Merlo lo acaba de hacer en este blog en uno de sus atinados comentarios y recuerdo un chiste en el que las autoridades comunitarias obligaban a Papandreu a bailar hasta reventar y otro en el que al efímero Papademos, sujeto entre Merkel y Sarkozy, no le llegaban los pies al suelo. Pero sí es la primera vez en que, por la inmediatez de nuestras elecciones generales, procede representar a los principales actores de la política española fatídicamente encadenados entre sí por la danza de Zorba.

La dificultad del sirtaki político radica en mantener el “ritmo eterno” que no es otro sino el que marca la orquesta de los acontecimientos. No sirve pues ni acelerar revolucionariamente el curso de la Historia como pretende Pablo Iglesias, ya que el riesgo de descarrilamiento es palmario, ni permanecer estólido, fingiendo el movimiento a base de arrastrar los pies, como viene siendo la costumbre de Rajoy.

Situados en los extremos de la fila, uno y otro sólo disponen de un punto de apoyo o ligamento y eso propicia que puedan perder el compás y el equilibrio. Como bien saben los aficionados al ciclismo, igual riesgo de caerse tiene quien olvida el control de su máquina al lanzarse alocadamente al sprint como quien se queda demasiados segundos clavado sobre la pista, cual pasmarote sobre ruedas, a la espera de lo que hagan sus rivales.

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