Nuevos faranduleros en el Parlamento

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Nuevos faranduleros en el Parlamento.

Una de las características de la actividad política de nuestro tiempo es su excesiva escenificación teatral. Escenificar significa, en su segunda acepción, «poner en escena una obra o espectáculo teatral». Y «escena» quiere decir, en su octava significación, «acto o manifestación en que se descubre algo de aparatoso, teatral, y a veces fingido, para impresionar el ánimo».

Hablar, por lo tanto, de la escenificación teatral de la política implica afirmar que estamos ante la manifestación aparatosa, teatral y hasta fingida de la actividad política con el fin de impresionar el ánimo de los ciudadanos.

Es posible que esta afirmación pueda parecer exagerada. Pero, a poco que revivamos en nuestra mente las recientes imágenes de algunos de nuestros nuevos políticos en el acto constitutivo del Parlamento, comprobaremos la enorme carga teatral que han desplegado al acceder por primera vez a la Cámara de Diputados.

Sus comparecencias ante la prensa mostrándose “encantados de conocerse a sí mismos”, su inadecuada e irrespetuosa vestimenta, y hasta algunos gestos para la galería como el de hacerse acompañar por un bebé, los ha convertido más que en representantes de la ciudadanía en auténticos faranduleros.

Lo trágico para ellos fue que queriendo ser actores protagonistas, no lograron pasar de meros actores secundarios llamados a interpretar un papel previamente aprendido, en el que más que su contenido, lo que les interesaba era la parafernalia de la propia escenificación y, sobre todo, la representación fingida de cada uno de los intérpretes.

Y es que estos profesores universitarios intermedios, junto con no pocos “perro flautas”, siendo conocedores de la importancia actual de la cultura de la imagen, han accedido a la política elaborando previamente un pack de contenidos, que cada vez que pueden representan enlatados o en directo, cuyo objetivo esencial es atraer hacia sí la voluntad o el voto de los espectadores poco instruidos.

Así es como hay que interpretar la “actuación” de Pablo Iglesias en los micrófonos de Herrera en COPE censurando a Albert Rivera aparentemente por pactar la formación de la Mesa del Congreso con el PSOE y el PP cuando en el fondo lo que le dolía era no haber conseguido grupos parlamentarios para las formaciones políticas filiales.

El señor Iglesias representó un papel para sus votantes y para cualquier otro indeciso en el que lo determinante fue incluir verbalmente a aquellos tres partidos políticos en  el “bunker”. Pero más allá de lo teatral no deja de tener su gracia que un político que ha trabajado para “democracias” tan avanzadas como Venezuela e Irán, tenga la desfachatez de hacer reproches a formaciones inequívocamente democráticas.

José Manuel Otero Lastre ( ABC )

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