Olor a naftalina

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Me malicio que aunque no quieran reconocerlo en público muchos de los que apostaron por la renovación de la clase política española han descubierto pronto que lo prometía ser un cambio ha devenido en un regreso a la España cutre del tardofranquismo.

Por entonces, cuando un español viajaba por Europa en busca de una oportunidad que no encontraba en su país, no necesitaba enseñar el pasaporte para ser reconocido porque la imagen que transmitía era cutre, antigua , pobre, y voluntariosa, pero destilaba olor a naftalina.

Esos hombres y mujeres que emigraron, querían aprender, prosperar y ser como los ciudadanos de los países que les acogían con reticencia, pero tuvieron que pasar varias generaciones para que se confundieran con el paisaje.

Casi un siglo después estamos regresando a dar esa imagen cutre, inculta y poco aseada ante el mundo que, por entonces, acogió a muchos de los nuestros, pero con una diferencia y es que entonces buscaban trabajo y ahora lo han encontrado en la mamandurria.

Hemos pasado de la casta a la caspa – le acabo de robar esta frase a Carlos Sánchez, periodista de El Confidencial.com – porque hemos sustituido a los profesionales que se habían acomodado en las poltronas por los aficionados que, como no saben lo que es gestionar ningún servicio, experimentan con ocurrencias, y yo les entiendo porque la ignorancia es un hándicap insuperable .

Entre quitar cuadros o estatuas , cambiar nombres de calles y plazas, prohibir espectáculos taurinos,negarse a asistir como alcalde al acto anual más importante de su ciudad Santiago de Compostela, establecer que en el lenguaje político solo se utilizará el femenino porque el masculino es sexista, excluir de los actos institucionales a los representantes de la Iglesia y el Ejército, sustituir a las limpiadoras profesionales por las madres con escasos recursos, hacer una web para desmentir noticias,y algún otro trabajo oneroso que se han echado los nuevos ediles sobre sus espaldas, hay que reconocer que ya no les queda tiempo ni para ducharse.

El problema es que están tan ocupados en lo interesante que no les queda tiempo para lo importante y, mientras transcurren los días, las semanas y los meses, llevamos camino de parecernos a la España en blanco y negro del NODO donde lo cutre se había instalado en la sociedad .

España empieza a volver a oler a naftalina que es el olor que se corresponde con quienes han decidido que el cambio es ir hacia atrás.

Estamos cambiando la casta por la caspa, con permiso de Carlos Sánchez.

Diego Armario

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