ÓRDAGO

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ÓRDAGO.

¿Desafío? ¿Chantaje? ¿Huida hacia delante? ¿Paso atrás? ¿Provocación? ¿Coartada? ¿Líneas rojas o azules? De todas esas formas puede calificarse el pliego de condiciones que Albert Rivera ha presentado a Rajoy para negociar el apoyo a su investidura como presidente de Gobierno. El líder de Ciudadanos, a punto de quedar entrillado entre la pasiva estrategia del PP y el no cerrado del PSOE, ha lanzado un órdago para romper el impasse que atenaza la escena política española desde hace meses. Nervioso, tajante, impaciente, sin ahorrar reproches a los dos grandes partidos y poniendo al suyo como modelo de servicio al Estado y respeto a sus ciudadanos, Rivera fue desgranando las seis condiciones que ha enviado a Rajoy para empezar a negociar, con la advertencia de que espera una respuesta en la reunión que tendrán hoy.

Aunque por el tono y la fraseología pareciesen novedosas e incluso intimidatorias, todas ellas eran de sobra conocidas, ya que figuraban en el programa de Ciudadanos. Es más, se incluyen en los pactos que ha firmado con algunos gobiernos autonómicos del PP, el de Madrid sin ir más lejos. Pertenecen las seis al bloque llamado de «regeneración democrática» que Ciudadanos ha tomado como bandera, e incluyen la separación automática de aquellos cargos públicos que hayan sido imputados; el fin del aforamiento de los políticos: una ley electoral más justa y equitativa; acabar con los indultos a corruptos; limitación de mandatos a ocho años o dos legislaturas y transparencia administrativa, con comisión investigadora del caso Bárcenas.

Excepto en este último caso, que se halla en manos de la Justicia, no creo que Rajoy tenga problemas en firmarlo. Es el tono, la exigencia, el ultimátum lo que puede ofender. Si Rajoy hubiera hecho esa misma oferta el 27 de junio, fresca su victoria electoral, a estas horas posiblemente hubiera sido ya reelegido. Pero si no él, alguien de su equipo se empeñó en mantener la parsimonia y, ahora, se la impone otro.

¿O se trata del puente de plata para que Rivera pueda cambiar la abstención por el sí en la investidura de Rajoy, que ya no es un obstáculo? Pues Rivera ha dejado claro que, de aceptarse sus condiciones, pueden empezar a negociarla. Eso es algo que no sabemos y puede no sepamos nunca. Por no saber, ni siquiera sabemos si Rajoy aceptará el reto abierto que le lanza su potencial aliado de legislatura.

Por fortuna, en ese punto no tendremos que esperar mucho para enterarnos: en cuanto se vean hoy, sabremos si hay o no pacto PP-Ciudadanos de investidura. Lo que no sabemos es si el PSOE aportará los votos que faltan para que sea investido. Y, menos todavía, si ese gobierno sacado con fórceps podrá gobernar. Pero el que se constituya sería ya un triunfo. Los españoles podrían terminar aliviados sus vacaciones. Aprovéchenlas. El otoño que nos espera será, en cualquier caso, de agárrate.

José María Carrscal ( ABC )

viñeta de Peridis

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