OTRA VEZ, A CHUPAR DEL BOTE

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OTRA VEZ, A CHUPAR DEL BOTE

“Ciudadanos y Podemos, bonitos motes, nuevos grupos que intentan chupar del bote”. Esta pancarta exhibida en Sevilla durante las últimas elecciones autonómicas deja constancia de la sabiduría popular. Álvaro Carvajal, que abrió EL MUNDO de ayer con un revelador informe, certifica que en el año 2016 más del 80% de los ingresos de Podemos procedieron del dinero público y que el partido antisistema de Pablo Iglesias tuvo un beneficio de 11,6 millones de euros, a costa de los impuestos casi confiscatorios con los que la clase política sangra a los ciudadanos. ¡Menudo negocio! Podemos está ya plenamente instalado en la casta y en la mamandurria del poder.

Se refiere también Carvajal a que Iglesias destina 8.140.808 euros a pagar a sus empleados. Los maledicentes aseguran que una parte de los enchufados son parientes, amiguetes y paniaguados de los dirigentes podemitas. Sería injusto no añadir que casi todos los partidos hacen lo mismo.

Las cifras son muy tozudas y hablan alto y claro. Federico Quevedo y Daniel Forcada publicaron un libro que no debería faltar en la biblioteca de los contribuyentes: El negocio del poder. De forma moderada, los autores exponen cómo desde la Transición la clase política ha convertido poco a poco el poder en un excelente negocio. Al margen de los agobiantes casos de corrupción, los políticos se han dotado de las más asombrosas prebendas, aparte de financiar a sus partidos de forma enternecedoramente generosa.

Han creado en España 17 Estados de pitiminí que compiten en suntuosidad y despilfarro y han convertido a las agrupaciones políticas en agencias de colocación. De los 700.000 funcionarios de 1977 se ha pasado a 3.200.000 empleados públicos, multiplicando hasta la náusea una burocracia que atormenta al ciudadano medio. Renglón aparte son las 4.000 empresas públicas, casi todas deficitarias, casi todas innecesarias, que los políticos se han inventado para colocar en ellas, con sueldos pingües en muchas ocasiones, a sus parientes y compañeros sin cargo. Los españoles estamos financiando con singular largueza el reposo del guerrero.

El gasto público, en fin, se ha multiplicado. Y nadie parece dispuesto a embridar el caballo desbocado. El cinismo preside la cotidianidad de los políticos y tendremos más Estado y menos sociedad hasta que la economía no resista la tensión y se produzca una crisis sin otra solución ante el abuso que la revolucionaria. La regeneración democrática de los partidos debe salir de los propios partidos. Y ya hemos visto lo que ha pasado en las dos agrupaciones que se presentaban con aires renovadores.

Están en el negocio del poder. Solo Rosa Díez tuvo en su día un atisbo de llevar adelante la ley que sanara la enfermedad del derroche y el abuso. En síntesis, esa ley diría: “Ningún partido político, ninguna central sindical puede gastar un euro más de lo que ingrese a través de las cuotas de sus afiliados”. Me he referido varias veces a esta cuestión en las páginas de EL MUNDO. Sin el menor éxito, claro. Colocar a los partidos políticos ante su realidad -hoy constituyen el tercero de los 10 grandes problemas que agobian a los españoles- no sirve para nada. Es hacer rayas en el agua, encender cerillas para iluminar el sol, soplar en la dirección del huracán.

Luis María Anson ( El Mundo )

viñeta de Linda Dalmor

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