Otro gol de Iglesias

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Otro gol de Iglesias

Pedro Sánchez no gana para sustos. A estas alturas creo que “amado líder” se ha acostumbrado a los golpes de efecto de Pablo Iglesias. La oferta de hacer una coalición para el Senado con los socialistas fue muy hábil, aunque la negativa de su secretario general era previsible. Es aquello de elegir entre “susto o muerte”. Con Podemos se ha cometido el grave error de ignorar sus posibilidades y desconocer los cambios que se han producido en la izquierda española desde la irrupción del movimiento 15-M.

Un ejemplo de ello fue el análisis disparatado del “gran chamán” del PP, Pedro Arriola, que los consideró unos freaks. La “profundidad” de esta reflexión me dejó sobrecogido, porque mostraba que el todopoderoso e incombustible sociólogo oficial de los populares no se había enterado de lo que sucedía en la izquierda. Es cierto que Arriola tiene la ventaja de que la izquierda es un enredo permanente y Sánchez ha mostrado una notable habilidad a la hora de cometer errores de manual. Por tanto no es una virtud del desfasado gurú, que es universalmente denostado entre los dirigentes del PP, sino un demérito de los rivales. La única duda que tengo es quién resulta más antipático: él o su polémica mujer, Celia Villalobo.

El menosprecio que ha sufrido Podemos de sus rivales políticos ha sido muchas veces fruto de la arrogancia o la miopía de considerar que sólo recogería los votos de IU. El mundo de Podemos es complejo, difícilmente clasificable y fuertemente ideologizado, pero también forjado en un activismo político que les ha permitido dar una sucesión de golpes de efecto y lograr el éxito en las urnas. Han pasado de ser un grupo de airados profesores de raíz marxista a convertirse en una seria alternativa a liderar la izquierda. En el terreno ideológico es un edificio en construcción por lo que cuesta saber dónde se aposentará finalmente, porque los modelos venezolanos, bolivarianos o griegos son tan viables como el caduco marxismo de Gramsci o Nicos Poulantzas. Nunca he sido comunista, porque es un camino que no conduce a la igualdad y el progreso.

Me sucede lo mismo cuando leo a Zizek y otros ideólogos de cabecera de ese mundo. El comunismo me resulta tanto un anacronismo como una excentricidad. No voy a entrar en los horrores, como he dicho muchas veces, cometidos en los países donde consiguieron hacerse con el gobierno. Lo de Tsipras en Grecia me produce curiosidad intelectual, aunque hasta el momento es un desastre monumental. Creo que acabará siendo socialdemócrata, porque como sucede con muchos comunistas que he conocido o estudiado es un chico rico que quiere salvar al mundo tras haber nacido en el mundo de los privilegiados. Por tanto, la evolución ideológica de Podemos es una incógnita.

La Razón

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