OXÍGENO PARA LA DEMOCRACIA

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OXÍGENO PARA LA DEMOCRACIA

Entre los periodistas, como en cualquier otro colectivo, hay ángeles y demonios, así como toda una amplia gama de grises. Ahora bien, la libertad de expresión, más allá de quien la ejerza, es un bien consagrado de nuestras sociedades avanzadas. El mero amago de cercenarla encierra un peligro en sí mismo. Trump declaró el sábado en la sede de la CIA que «los periodistas están entre los seres humanos más deshonestos de la tierra». Inquieta que el presidente ataque a dos libertades básicas, respetadas por sus predecesores: el libre comercio y, sobre todo, la libertad de prensa, oxígeno para la democracia y contrapoder. Insultar y amenazar a los medios no es una anécdota; es un intento de coaccionarlos desde la autoridad.

Es cierto que el magnate ha puesto sobre el tapete mediático de su país que algo está cambiando, no sabemos si para bien, en la relación entre los ciudadanos y el periodismo clásico. Sin prensa, franquearíamos la puerta a la arbitrariedad política. Confundir las redes sociales con buen periodismo constituye un error porque los que se dedican a rebotar mensajes, y como mucho a sazonarlos de insultos, en su mayoría no se toman tiempo para pensar aquello que circulan.

El Astrolabio ABC

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