Pablo el sonrisas

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Pablo el sonrisas

La piel del cordero… Esa pelliza de lo políticamente correcto que -cual Viriato contra el imperio romano- ha elegido Pablo Iglesias en esta campaña electoral, tiene poco que ver con aquel cimarrón «el cielo se toma al alsalto» voceado en el mitin fundacional del «nuevo Movimiento» en Vistalegre. La dulcificación del abrasivo discurso y las revolucionarias intenciones de Podemos es tan diáfana, y tan clamorosamente impostada, como cristalino es el documento firmado por Hugo Chávez, el «nuevo Ausente», en 2008 encargando a la actual cúpula populista que importara la rebelión bolivariana a España.

Siete milloncejos de euros valía la encomienda, según consta en los «papeles de Caracas», publicados hace unos meses por ABC y en los que se puede leer la firma del caudillo chavista y este párrafo inequívoco: «Según lo acordado en el referido Consejo de Ministros, el consiguiente apoyo económico que significará para la Fundación CEPS esta contratación permitirá estrechar lazos y compromisos con reconocidos representantes de las escuelas de pensamiento de izquierdas, fundamentalmente anticapitalistas, que en España puedan crear consensos de fuerzas políticas y movimientos sociales, propiciando en ese país cambios políticos aún más afines al gobierno bolivariano». En CEPS estaban entonces Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias, Carolina Bescansa, Íñigo Errejón y Luis Alegre, que se pusieron la mar de contentos, sobre todo este último, habida cuenta del apellido, que siempre imprime carácter.

Y se entregaron en la tarea. Gente cumplidora. Iglesias comenzó a pasear su indignación por los platós con la prédica, procesión que fue implementándose tras la acampada indignada de 15-M. Luego llegó el púlpito fijo en La Sexta y el dinero del país de los ayatolas para el programa propio en HispanTV, «Fort Apache», tiros y fechas a todo lo que se movía. No había entonces atisbo alguno del «pensamiento Heidi-flower power” de estos días y sí sentencias con aroma de “checa», como aquella de 2012: «25% de paro y Amancio Ortega tercero en el ranking mundial de ricos. Democracia ¿donde? Terrorista ¿quien?», por escrito y sin tildes, que a la ortografía hay que jubilarla como dijo el difunto Gabo.

El fenómeno fue medrando, cebado copiosamente por un PSOE acomplejado y sin norte que encumbró a los populistas a los Ayuntamientos: ya estamos en la Eurocámara; primer poder-catapulta hacia mayores logros; el pequeño Diego en el escaño en brazos de mamá Carolina o del tito Íñigo; seguimos pontificando en La Sexta, quién ese ese Tsipras que no le conozco, ¿Syriza, qué Syriza?, repetimos elecciones y ponemos de lema «la sonrisa de un país».

Entre tanto, Carmena solo baja el IBI en los barrios donde le vota más gente y Colau le paga la luz de las juergas a los okupas de Barcelona, últimas señales de la revolución pendiente.

¿«La sonrisa de un país»? Sí, alguien se está riendo de alguien y lleva una pelliza de piel de cordero…

Álvaro Mártinez ( ABC )

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