Pablo Iglesias, el enterrador

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Pablo Iglesias, el enterrador

Pablo Iglesias sabe conjugar perfectamente el verbo chulear, pero no lo hace porque él sea el más fuerte sino porque considera que su rival es débil.

Esta vez, para parecer menos macarra, se ha opuesto corbata y aunque es varón, se ha considerado la reina del baile porque, como ocurría a principios del pasado siglo, ha ido apuntando en su cuadernillo los nombres y el orden de los que consideran que son sus pretendientes, para concederles un vals.

Hay que reconocer que Podemos y las CUP, que hoy también son noticia por haberse choteado durante meses de Artur Más y haber esperado hasta el último minuto alargando su agonía para tumbarlo, son expertos en aparecer como imprescindibles aparentando más fuerza de la que realmente tienen.

Saben cómo manejar los tiempos, cómo administrar sus discursos, y cómo desequilibrar al contrario-

Su fuerza está en su capacidad de desestabilización y en la habilidad para ocupar un espacio político – mediático que los viejos partidos nunca supieron ganar.

Pablo Iglesias quiere conseguir que el Psoe desaparezca, pero no le basta con eso. Necesita chotearlo, ningunearlo, humillarlo y arrodillarlo, porque en su adn – en el del líder de Podemos- está la vocación del escorpión.

Hace unas horas ha hecho balance de los resultados electorales del 20 de Diciembre y, como si no existiesen más fuerzas políticas que ellos y el Psoe, ha ninguneado a Pedro Sánchez al que ni siquiera ha citado por su nombre en su discurso de una hora, ha hablado de socialistas buenos y malos, y se ha dirigido a los primeros tendiéndoles la mano-

Su frase para enmarcar junto a la tumba de Maquiavelo ha sido: “Nos queda la duda de qué va a hacer el PSOE y seguimos tendiendo la mano para que los sectores más sensatos digan de qué lado están”.

Si el verdadero Pablo Iglesias levantara la cabeza correría a gorrazos a los unos y a los otros, a los suyos por inanes y a los otros por sicarios.

El líder de Podemos quiere que haya nuevas elecciones para ver si así redondea la operación de hacer más mínimo a su rival por la izquierda, y si de ese riesgo no se han dado cuenta aún es que hay demasiados ciegos en Ferraz.

Diego Armario

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