PABLO, EN EL NEGOCIO DEL PODER

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PABLO, EN EL NEGOCIO DEL PODER

“Ciudadanos y Podemos, bonitos motes, nuevos grupos que intentan chupar del bote”. Esta pancarta, exhibida durante las autonómicas andaluzas hace dos años, se ha hecho realidad. La sabiduría popular no suele fallar.

Según un informe de Roberto Pérez, el partido que acaudilla Pablo Iglesias ingresó el año pasado, en concepto de subvenciones públicas, la suculenta cantidad de 18 millones de euros. Colgado de la teta del Estado, Podemos ha hecho lo mismo que los demás partidos: chupar con delectación. Los colocados a sueldo de Podemos -en gran parte parientes, amiguetes y paniaguados- cuestan al partido más de 700.000 euros al mes. Y no se cuentan los cargos públicos. Aparte de los electos, ahí se han enchufado también incontables pablistas. La nueva casta, como la nueva clase de Milovan Djilas, se extiende de forma imparable.

Forma parte del negocio del poder, conforme a uno de los grandes libros de investigación que se han publicado en España en los últimos años, obra de Daniel Forcada y Federico Quevedo. Este último podía haber dicho con su antecesor del siglo XVII: “No he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca, o ya la frente, silencio avises, o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”. Recité yo, jovencito veinteañero, estos versos dedicados al dictador Franco en una cena pública en el hotel Fénix, con las consecuencias que se podían esperar.

De un alto cargo socialista y de sus vacaciones en el palacio de la Mareta, acondicionado con un gasto de 271.697 euros, Quevedo y Forcada escribieron: “A este recinto de reyes se llevó (el alto cargo) nada menos que quince cocineros como si se tratara de un monarca saudí”. Y se preguntaban con coña marinera: “¿Irse de rebajas a Londres a comprar en los almacenes Harrods, acompañado de su mujer y su suegra, a bordo de un avión oficial, puede considerarse un uso impropio de los bienes y servicios públicos?”

Tengo la esperanza de que Forcada y Quevedo prorroguen su éxito editorial con un nuevo libro que se titule a secas: Así viven los políticos con nuestro dinero. Por lo pronto, Podemos y Cs, se han sumado al despilfarro del dinero público, recaudado a través de unos impuestos casi confiscatorios con los que se sangra hasta la hemorragia a los contribuyentes.

Podemos, en fin, se ha incorporado al negocio del poder. No lo critico. Dejo constancia de ello tras leer el arsenal de datos que aporta Roberto Pérez. Pablo Iglesias es un hombre muy inteligente. Le adornan condiciones excepcionales para la comunicación. Tiene el carisma colgado de la coleta. No en vano, y en solo dos años, pasó de la nada a los 5.000.000 millones de votos. Algunos españoles pusieron la esperanza en que apoyaría una ley que dijera: “Ningún partido político, ninguna central sindical, podrá gastar un euro más de lo que ingrese a través de las cuotas de sus afiliados”. Eso sí que supondría una regeneración democrática de fondo.

Pero lasciate ogni speranza. El Podemos que iba a limpiar el albañal de la política española está ya en la casta, con un aparato burocrático cada vez mayor al que financia con dinero público. Caminan, en fin, los podemitas tras las huellas fugitivas del PSOE y el PP para integrarse en el sistema y disfrutar cínicamente de la teta ubérrima del Estado.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor

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