PANCETA EN EL PACÍFICO

badx

PANCETA EN EL PACÍFICO

Es inevitable escuchar a Kim Jong-un hablar de “mar de fuego”, y a Donald Trump decir eso de “un fuego y una furia jamás vistas en el mundo”, y no pensar que las frases han sido extraídas del conxuro da queimada. Estamos muy cerca de que alguno amenace al otro con la “onda vital” de Son Goku, o la “catapulta infernal” de Oliver y Benji.

Igual que existe una web de “jugadas paranoicas” de Oliver y Benji, perfectamente podría existir una de amenazas paranoicas de líderes del mundo moderno. Unas risas, si no fuera por las armas nucleares. La suerte que tenemos es que las amenazas no son para sus adversarios sino para sus seguidores, lo que garantiza la paz. Tipos capaces de creer que Kim Jong Il, padre de Kim Jong-un, nunca defecó, como afirma su biografía. O que era capaz de hacer once hoyos de golf de un solo golpe, o que llegó al mundo con un arco iris doble y una nueva estrella, o que publicó 1.500 libros y las tres mejores óperas del mundo en tres años.

Aparte del chiste fácil de que se lo creen porque nunca vieron una ópera o golf, yo mismo fui capaz de tragarme un montón de episodios de dibujos animados sobre un campo de fútbol japonés de 15 kilómetros, y eso que había visto un montón de campos de fútbol. Una dictadura no es un lugar en el que el pueblo se cree un montón de gilipolleces, sino en el que no puedes decir que no te las crees.

 Está claro que el hermetismo que se le atribuye a Corea del Norte no cuadra con tanto detalle que nos dan los biógrafos sobre sus líderes. Yo mismo ni sé cuántas óperas ha escrito Rajoy. El país es tan inaccesible que casi no quedan periodistas que no hayan entrado a hacer un reportaje. He visto más horas de Pyongyang por la tele que he paseado por Toledo. Parecía que en el próximo iba a aparecer un Mercadona, como en cada siguiente temporada de Lost.

Los periodistas lograban transmitir la sensación de estar viviendo en El show de Truman, que de pronto se caería algún decorado, o la gente les señalaría con el dedo como en La invasión de los ultracuerpos. A veces se repetían algunos personajes, como la pareja del piso, los bañistas de la piscina pública, la bibliotecaria o Ri Chun-hee, la presentadora de los informativos que da las noticias abroncando a los televidentes. Recuerda a esos personajes del subsuelo marciano de Desafío Total, y que bajo el chima jeodori, el tradicional vestido coreano, oculta tres pechos, o un humanoide con un cerebro como un bote de garbanzos, o un engranaje mecánico.

Mi favorito, sin embargo, era ese señor mayor, sucio y escuálido, que siempre aparecía barriendo una autopista, una enorme, con un montón de carriles, y por supuesto sin coches. Él aparecía a un lado del encuadre, como si el periodista hubiera tenido que robar su imagen. Recordaba un personaje de Bolaño, que cuando no barre es un poeta hambriento que duerme en el nicho de un cementerio; o el barrendero de Bariloche de Neuman, que hacía puzles por las noches para reencontrarse con su pasado.

Sin puzles ni poesía, pero sobre todo sin pasado (la dictadura está a punto de cumplir 70 años), es fácil que el barrendero de Pyongyang se vuelva loco y llegue a escuchar óperas que no existen dentro de su cabeza, pero también que crea que la mejor manera de revelarse contra su miseria sea bombardear Guam, sólo por ser el territorio de EEUU, que como cuenta Pablo Pardo, lidera el consumo de panceta.

Ricardo F. Colmenero ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*