PATADA A SEGUIR

yoyas

PATADA A SEGUIR

Decíamos aquí la semana pasada que los partidos que achacan sus crisis a una mala estrategia de comunicación no andan desencaminados, pues un envoltorio narrativo adecuado puede convertir el barro en oro. Pero también es cierto que la alquimia verbal tiene sus límites, como demuestra inmejorablemente la declinante trayectoria de Podemos durante el último año. Es todo un aviso a navegantes: la apuesta por el funambulismo verbal con objeto de ganar tiempo puede salir estrepitosamente mal cuando es el tiempo quien te gana a ti.

Vaya por delante que la ambigüedad es una tentación comprensible. Articulándose la democracia a partir del eje Gobierno/oposición, es al Gobierno al que le toca decidir mientras la oposición hace literatura. ¡Que se retrate otro! De hecho, los propios gobiernos echan mano de esta táctica siempre que pueden, circunstancia reflejada en la conocida afición del presidente del Gobierno por las conjunciones disyuntivas: «o no». Lógicamente, la indefinición reporta mayores beneficios cuando se trata de asuntos trágicos que dividen al electorado y obligan a elegir entre bienes incompatibles o, incluso, escoger un mal entre dos. Si decidir se paga caro, ¿para qué decidir?

Hablamos de Cataluña, pero hay otros ejemplos. La conocida fórmula iglesista del «ni DIU ni 155» es comparable al «No es no» de Pedro Sánchez y al «Brexit es Brexit» de Theresa May. En todos estos casos, la firmeza aparente de la postura esconde una gran debilidad; la de quien reza para que los acontecimientos no revelen la vacuidad del planteamiento. Porque cuando eso ocurre, hay que elegir: ponerse del lado de la DIU o del 155, decidir cómo se formará Gobierno si se rechaza a Rajoy pero no hay mayoría alternativa, optar entre la libertad de movimientos y el acceso al mercado único europeo. El futuro ha venido a verte.

No obstante, el caso de Podemos contiene agravantes que convierten el atolladero lógico en una ratonera política. Ya que defender el orden constitucional y apoyar a quienes apuestan por dinamitarlo son cosas muy distintas; por eso no será fácil dar mítines en Utrera tras haber lanzado vivas a la Cataluña soberana. ¿Táctica suicida? Puede pesar el factor humano: no descartemos que la ambigüedad de Iglesias sea genuina y que su pasión ideológica le haga ver con buenos ojos cualquier amenaza a ese monstruo imaginario que es «el régimen del 78». Lo que no nos ha explicado todavía es cómo semejante planteamiento sirve para ganar votantes en vez de perderlos.

Manuel Arias Maldondo ( El Mundo )

viñeta de Linda almor