PATENTE DE CORSO

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PATENTE DE CORSO

España es un país de nerones y ursulinas.

Después de los errores  y algunos aciertos que han tenido el gobierno y quienes les apoyan en este trance indigesto de la cuestión catalana ha llegado el tiempo de la justicia, pero los afectados por sus decisiones y la gente que les apoya desde las gradas del circo romano en el que ha convertido una parte de la opinión  pública, levantan el pulgar hacia arriba para que sus actos ilegítimos sean condonados.

La decisión de la jueza Lamela de enviar a prisión sin fianza al ex vicepresidente Oriol Junqueras y otros siete colegas de fechorías  para que no huyan de la justicia como han hecho el indecente Puigdemont y quienes aún están con él en Bruselas, ha conmovido las cuadernas de los corazones inquietos de los independentistas, y en ese llanto y crujir de dientes les están acompañando, como ridículas plañideras, gente de distinto pelaje.

Por lo visto en Cataluña existe una ley no escrita que contempla la defensa con razón o sin ella de sus delincuentes,  y muchos ciudadanos entienden que si el que roba y les roba  es un dirigente nacionalista debe tener patente de corso porque lo hacen por un fin superior.

Todos sabíamos que los bomberos no se pisan la manguera y por eso no es de extrañar que la iletrada Ada Colau y otros muchos colegas de estos más que  supuestos delincuentes, se solidaricen con ellos, pero  lo que no alcanzo a comprender es que ciudadanos que irían a la cárcel por mucho menos si se quedan con dinero ajeno o atropellan a alguien y superan la tasa de alcohol permitida en sangre pidan la libertad de estos políticos , porque con ello están reconociéndoles una calidad cívica y unos privilegios excepcionales, incompatibles de la igualdad de todos ante la ley.

Si hay algo que saben hacer bien los políticos y sus mamporreros mediáticos es tergiversar la realidad y hacer de la propaganda y la manipulación un arte al servicio de sus propios intereses. Ahora toca decir que son presos políticos unos delincuentes que han malversado fondos, han incumplido las leyes y ha perjudicado seriamente a los ciudadanos a los que debían servir.

Quienes llaman mártires a sus delincuentes saben que están mintiendo pero ya se sabe que  es una costumbre muy siciliana defender a “los nuestros”.

La jueza Carmen Lamela está actuando  con la independencia que le otorga su condición de magistrada  de la Audiencia Nacional y sus decisiones se atienen a lo que ella entiende que es lo que exige la aplicación de medidas cautelares para delincuentes contumaces.

Diego Armario

viñeta de Linda Galmor