PELELE SIMBÓLICO

carlitosz

PELELE SIMBÓLICO

A Puigdemont, siniestro como un ventrílocuo, le pega manejar un Gobierno de guante desde su Waterloo de recortable, desde su casa como un castillo de guiñol, plisado igual que los de los cuentos desplegables. Incluso tras su vahído, aún es posible un “acuerdo creativo” (Ferreras): una presidencia operativa y otra simbólica. Pero hay que preguntarse, como hacía Vicente Vallés, cuál sería cuál. Quién mandaría y quién obedecería, Waterloo con soldaditos de plomo o Barcelona con el poder a la mano.

Puigdemont, que puede hablar, reírse y llorar desde el estómago; que tiene algo de feriante con nostalgias y glorias de maletón, que domina ya esos aires de emperador o faraón de pega en un casino de Las Vegas, podría hacer los dos papeles, de titiritero y de pelele. A mí me gustaría que Puigdemont mandara, por ver cómo queda en la Generalitat un Gobierno saltando con él, un Gobierno pianola, unos consellers con tutú, con la leve asincronía de la obediencia, la duda o la traición. Sí, porque alguien podría darse cuenta de la chorrada histórica y planear una salvadora traición.

Al presidente de aquí lo investirían por lo legal, un aburrimiento. A Puigdemont, sin embargo, lo investiría la Comunidad del Anillo: enanos con garrota, elfos de sangre transparente y magos vestidos de saco, traídos de comarcas, ayuntamientos y setas del país. Comunidad de Electos, se llaman. Joan María Piqué, jefe de campaña de Puigdemont en Bruselas, argumentaba con tino en TV3 que Canarias está más lejos que Bélgica y no pasa nada. Yo añadiría que no hay distancia para la imaginación y la magia. Puigdemont mandaría como un hechicero vudú, y sería curioso y muy étnico de ver.

Pero ERC maniobrará para que Puigdemont sea el muñeco, para dejarlo en Bélgica como un heredero carlista, con una legitimidad de sangre aguada, antigua y filatélica, con chochera heráldica, aunque un sueldo nada simbólico, como un amante florero. Así, iría languideciendo en su gloria melancólica y goda de armadura vacía. Pero, eso sí, con el mito vivo. Y el ejemplo. O alguien, un traidor o un héroe, o la ley o el Gobierno si están, podría encender la luz en el teatro, como cuando te echan de un bar o de una cama, y que se termine de una vez la fantochada.

Luis Miguel Fuentes ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor