Pillar cacho

cachok

Pillar cacho.

En política existe un principio de supervivencia que aconseja que las oportunidades están para ser aprovechadas, porque en ese oficio que algunos insisten que es generoso y desprendido, lo que realmente importa es conseguir el poder y ayudar a la camada.

Los partidos, y perdónenme que simplifique pero lo que escribo es tan cierto como que Rajoy está a por uvas y Sánchez por su puesto en la Moncloa- son grandes agencias de colocación de gente válida y preparada que milita en ellos, y también de una numerosa morralla que si no fuese por el carné que lleva entre los dientes jamás habrían cotizado a Hacienda.

En estos momentos la morralla del PP está que no duerme mientras que la morralla del PSOE se frota las manos, porque unos están a punto de perder su puesto de trabajo y los otros están mirando apartamentos o chalets en los que disfrutar sus vacaciones el próximo verano.

En el fondo lo que cuenta es eso: tener contenta a la parroquia y dejar los principios de sentido de Estado para mejor ocasión, porque lo primera es colocar a los suyos y aprovechar las ventajas que da administran unos presupuestos.

Una vez que Sánchez consiga ser Presidente de gobierno el resto le preguntará ” ¿qué hay de lo mío “, y lo cierto es que no habrá tanto como otras veces porque, para llegar al puesto que tiene allí tendrá que distribuir el pastel entre la amalgama heterogénea de socios oportunistas con los que espera conseguir su propósito por el que , como Belén Estaban, ” ma ta”.

Esa es la razón fundamental por la que Sánchez es posible que consiga ser investido Presidente de gobierno, aunque los barones del PSOE se rasguen las vestiduras por las alianzas que finalmente necesitará, porque con las cosas de comer no se juega, y un gobierno da de comer a mucha gente de su misma cuerda.

No les quiero ni contar cómo se van a poner de sobre excitados los nuevos apóstoles de la decencia en cuanto pillen cacho y se suban a un coche oficial. Nos darán días de gloria a los que nos dedicamos al muy noble y desconsiderado oficio de escribir.

Diego Armario

 

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