POBRE RUFIAN

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POBRE RUFIAN

Sesión rara, como si el parlamento necesitara unos días para reacomodarse al escenario político salido de los congresos. Errejón ocupó su escaño habitual, eso también se hacía raro, decepcionante para quienes tenemos el paladar acostumbrado a los desenlaces dramáticos y no a los finales abiertos. El Hernando/PSOE, que sigue buscando argumentos periféricos para hacer al PP un simulacro de oposición que no asalte los argumentos mollares de la legislatura, reprochó a Rajoy que no hubiera aprovechado la conversación telefónica con Trump para declarar la guerra a los Estados Unidos de América.

Semejante insensatez, obviamente, tampoco la habría cometido un primer ministro socialista, ni siquiera uno de los que se quedaban sentados al paso de la bandera americana cuando trataba de aplicarse un barniz izquierdista como ese que el PSOE actual anda buscando con asuntos tan trascendentales como el cadáver de Franco. No sé si el PSOE no debería abstenerse de hacer preguntas hasta que vuelva a estar en condiciones de hacer oposición. Que, en caso de convertirse Susana Díaz en la siguiente líder, se hará en la tele, pero no en el parlamento, donde el Hernando/PSOE terminará preguntando a Rajoy por algún avistamiento alienígena.

Rufián puede hacernos gracia, pero la expectación cómica que se propaga por el Hemiciclo cada vez que va a hablar es algo por lo que el muchacho da pena. Se pone ahí, estatuario de destinos manifiestos, convencido de que va a hacer historia, y no parece darse cuenta de que ahí se chotean hasta los maceros. Bustos se me desternillaba al lado. A Rajoy se le nota que no sabe ni por dónde empezar a responderle, como si con él fuera inútil la condescendencia pedagógica que aplica a Podemos. Un caso perdido.

 “No hay absurdo imposible”, le dijo después de escuchar el monólogo de Rufián en el que hubo hasta juegos de palabras con los conceptos Rato, Relax y Campechano. No sé si la fama obtenida en Madrid, a lo maletilla tremendista, compensa a Rufián haberse convertido en uno de los grandes tarados contemporáneos. Hay que salir luego a la calle siendo eso.

Rivera defendió ante la vicepresidenta uno de los argumentos con los que Ciudadanos pretende ser un partido higiénico ante el ente PPSOE contra el cual libró batalla mucho antes UPyD: la despolitización de los nombramientos en el Tribunal Constitucional. El razonamiento de Rivera es impecable en este sentido. Pero uno no está seguro de que éste sea el momento adecuado para deslegitimar y desprestigiar el Tribunal que hará de dique de contención contra el independentismo usando exactamente los mismos argumentos que los independentistas.

David Gistau ( ABC )

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