Podemos tiene la legitimidad que le han otorgado sus adversarios

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La arrogancia de Podemos está en la legitimidad que le han otorgado sus adversarios.

Casi todo lo que es el partido Podemos debería dar vergüenza a sus dirigentes. Pero, hasta ahora, sólo se sabe que les hayan dado vergüenza positiva sus ideas.Han renunciado a la mayoría de ellas. Sean la renta básica universal, la salida del euro, las nacionalizaciones, la jubilación a los 60 o la prohibición de los toros. Sólo mantienen el referéndum de autodeterminación, pero de buena gana renunciarían a él y lo cambiarían por el poder, si no fuera por las imposiciones hasta ahora terminantes de su fracción catalana.

A la vergüenza por sus ideas deberían añadir la de su génesis. Podemos no sólo es la excrecencia del pasado fracasado y atroz del comunismo, sino del presente fracasado y atroz que es el del régimen chavista y el de los clérigos iraníes. De un modo u otro esos dos innobles modelos políticos están en la raíz misma, también financiera, del movimiento. Dinero sucio, ideas sucias. Y hasta platos sucios, según los exhibía con orgullo en su cocina el líder máximo, en no sé qué televisión.

Qué decir, por lo demás, de sus estudios. Hubo uno, politólogo, que empezó un artículo en ‘El País’ y en el primer párrafo ya demostraba que no sabía lo que era un juego de suma cero: y lo más cómico, sin que nadie le hubiera preguntado. Parece que el líder máximo, infatigable devorador de contraportadas, fue premio extraordinario en la facultad de Políticas de la Complutense. Y aún es la hora de que la autoridad competente haya abierto una investigación sobre los criterios de mérito que allí rigen.

Pero no hay vergüenza alguna, sólo arrogancia.

Una arrogancia que no sólo depende de su naturaleza, de haber sido los niños mimados del sistema mediático o de la superioridad moral común a los miembros de la especie. Su razón última está en la legitimidad que le han otorgado sus adversarios. Por ejemplo Pedro Sánchez, no cuando afrontó cabizbajo las humillaciones de Iglesias, sino cuando planteó con toda seriedad que podía gobernar con él. O Rivera, no cuando chocaba las manos del compadre en los debates, sino cuando aceptó que un acuerdo de gobierno podía pasar por la abstención de los populistas: espero que Rivera no tenga que comprobar cómo, una vez saldado el trámite de la hipotética investidura, PSOE y Podemos se ponen a gobernar mano a mano, acabando con la coartada de Ciudadanos y dejándolos en el exacto lugar irrelevante de sus votos. Hasta Rajoy la ha legitimado: nunca trató a Podemos en razón de los principios, sino del cálculo.

Su arrogancia es nuestra vergüenza.

Arcadi Espada ( El Mundo )

 

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