Pongamos que hablo de Madrid

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Pongamos que hablo de Madrid

El PP y el PSOE, que han sido partidos de Gobierno en Madrid, tienen un problema en la capital. Hasta hace poco tiempo, gobernar en las instituciones madrileñas servía de catapulta a los líderes nacionales para acceder al poder y sacar lustre a su discurso nacional. Enrique Tierno fue exactamente eso para Felipe González y Alberto Ruiz-Gallardón, para José María Aznar. Hoy, la falta de altura de miras de los dos partidos, y fundamentalmente de sus jefes, han situado el escenario público en un juego de vanidades y apego al poder que ha diezmado su fortaleza y acelerado el abandono de los electores.

La situación del PP, con la pérdida del ayuntamiento en una jugada política de las más torpes que se recuerdan, franqueando el paso a Manuela Carmena, ha sumido en la depresión a las bases. Aunque en el cómputo de la Comunidad se ha conseguido mantener el tipo con 153.581 votos más, si comparamos los resultados con las generales de 2011, el domingo se perdieron medio millón de votos. El liderazgo del partido sigue de forma transitoria en manos de Esperanza Aguirre, a la espera de una imperiosa renovación que, institucionalmente, ya se ha hecho en la persona de Cristina Cifuentes. Una larga transición, con el fantasma de la corrupción al fondo, que está perjudicando sus bazas.

Pero más grave es el problema de Pedro Sánchez, que si sobrevive a la mayor –no convertirse en el líder socialista que abocó a España a unas elecciones generales repetidas por su incapacidad en mirar más allá de su ego– tendrá que pararse a reflexionar sobre cómo le fue tan fácil destrozar el socialismo madrileño. Una formación que ha gobernado Comunidad y Ayuntamiento durante más de una década ha pasado a ser la cuarta fuerza política, doblegada por Podemos y Ciudadanos. Ha perdido cuatro escaños y su lideresa, Sara Hernández (impuesta por el inefable secretario general) es la primera alcaldesa que, pese a gobernar en Getafe, ha quedado relegada tras el 20-D a la tercera posición en su ciudad. Diez meses hace que la dirección federal destituyó a Tomás Gómez como líder madrileño y cuatro que hizo lo mismo con el portavoz en el ayuntamiento, Antonio Miguel Carmona. Y este es el saldo.

El primero fue sustituido desde el verano por Hernández y el segundo fue reemplazado por Purificación Causapié. Por primera vez en la historia del convulso PSM, ninguna es ni siquiera reconocida por los ciudadanos madrileños y su gestión ha sido contestada ampliamente por la bases. Pero Sánchez ha hecho oídos sordos, empecinado en dinamitar a sus compañeros madrileños, avergonzados de haber sido barridos de la preferencia de su histórico granero de votos madrileño. A primeros de año habrá congreso regional en los dos partidos. Tarde llegan.

Mayte Alcaráz ( ABC )

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