¿ Porqué en vez de Rajoy no se va Sánchez ?

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“¿Por qué en vez de Rajoy no se va Pedro Sánchez, que fue quien perdió las elecciones?”

Hay muchas cosas del debate que, como soy de pueblo, sigo sin comprender, por muchas horas que me haya pasado ante el televisor, muchas tertulias que haya oído y leído muchos análisis. Por ejemplo, un misterio insondable: ¿por qué don Francisco Javier López, alias Pachi, aparecía escoltado en su presidencia del Congreso por dos ujieres perfectamente ataviados con sus uniformes de gala con entorchados y todo, y en los escaños había un montón de diputados en mangas de camisa y lo que se dice de trapillo?

Y otrosí: ¿por qué ERC decidió que intervinera un tal Rufián, charnego perfectamente caracterizado de Miguel Poveda, que, vamos, parecía que en vez de justificar su «no» se iba a arrancar metiendo «Ojos verdes» por bulerías? Un poquito de compás, la verdad, no le habría venido mal a la sesión; habría tenido más aplausos que Sánchez en sus habituales descalificaciones de Rajoy.

¿Por qué se odian tanto? ¿Odia más Sánchez a Rajoy que Rajoy a Sánchez? Me parece más bien lo primero que lo segundo. Cada discurso de Sánchez en los dos gatillazos, dos, de su investidura han sido sendos recitales de odio contra Rajoy. No creo que los socialistas odien tanto a los populares como Sánchez a Rajoy. Es un odio, ¿cómo les diría yo? Tuneado, no de fábrica.

Se vio al final de la sesión, cuando por segunda vez Sánchez quedaba no como Cagancho en Almagro, sino un poquito peor. En los pasillos del que cursimente llaman «el palacio de la Carrera de San Jerónimo», que ni es palacio ni es nada, un simple edificio parlamentario, cuando acabó el segundo gatillazo, vimos a Sánchez ante un campo de alcachofas mediáticas.

Ante las que hizo en plan uno, dos y tres, tres banderilleros en el redondel, un resumen de lo que había pretendido y de cómo había quedado la cosa: imposible para vos y para mí. Como los mandamientos de la ley de Dios se encierran en dos, el ego de Sánchez quedó resumido por él mismo en su odio reconcentrado: «Hay que echar a Rajoy». A la palabra «cambio» le han buscado una nueva acepción Sánchez y los que con él son una amanenaza de horizontes de Frente Populachero, ¡ojú, lo negro que viene por ahí!

Como para González el cambio era «que España funcione», para Sánchez el cambio es «echar a Rajoy». No hay nada más gaditano. Más que el «Juan Sebastián de Elcano», que ahora emprende nuevo crucero de instrucción. Le preguntaron al Kichi antes de las elecciones cuál era su programa. Y en plan Sánchez, respondió con «solamente tres palabras», como en el bolero: «Echar a Teófila». ¡Óle, eso es un programa, joé!

Antonio Burgos ( Periodista Digital )

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