PORTA-ANOMALÍAS VERBALES

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PORTA-ANOMALÍAS VERBALES

Mi respetada Carmen Romero que domina perfectamente el francés, el inglés y el italiano y es profesora en excedencia de lengua y literatura española, hace muchos años tuyo la ocurrencia de llamar jóvenes y jóvenas a una audiencia de gente bisoña.

Pasados los años otra política con menos argumentos académicos en la materia como Bibiana Aido, dió un paso más en el destrozo del diccionario de la RAE cuando habló de miembros y miembras, y estos días Irene Montero, numero dos Pablo Iglesias, ha superado estos despropósitos al utilizar el término portavoces y portavozas, sin reparar que casi todo lo que termina en zeta suena a patada de asno.

La osadía tiene más que ver con el arrojo que con la inteligencia y aunque el corazón cuando es grande generalmente es noble, a veces hay gente que lo empobrece al poner en su boca palabras sin sustancia, y por eso es menester que quien se sube a la ola de la ocurrencia piense primero lo que va a decir no sea que las palabras le traicionen y le dejen desnudo ante el menos común de todos los sentidos.

Hablar en público no es lo mismo que proferir palabras absurdas, y eso ocurre porque ya no se sienta gente de letras en los parlamentos como antaño ocurría. En estos tiempos muchos de los que calientan los escaños son ágrafos, han leído poco y patean el diccionario con tal de parecer feministas.

La palabra en el idioma de Cervantes, Lope, Quevedo, Borges, Neruda, García Márquez y muchos más , que ha evolucionado y se enriquece con el paso del tiempo debería ser preservada del asalto de los ignorantes oportunistas a los que les basta con prostituir sus principios sino que se empeñar en destrozar la belleza de nuestra lengua.

Recuerdo que Felipe González en los tiempos en los que empezó a no poder soportar a José María Aznar decía del entonces Presidente del PP que era un experto en enfatizar obviedades y creo que tenía razón porque cuando quería ponerse estupendo pronunciaba sentencias esculpidas en mármol, pero al menos no pateaba el idioma.

La política es una representación teatral sin libreto… y así les va a los aficionados que salen a escena en los parlamentos porque los buenos actores – y conozco algunos excelentes que me honran con su amistad – son profesionales que se trabajan el texto a conciencia, encarnan el papel que deben representar y le incorporan su peculiar forma de interpretar al personaje, pero no escupen sobre las palabras que pronuncian porque respetan la materia prima con la que trabajan y no se atreven a manosearla.

Estos tiempos han permitido que se suban al escenario de la política gente de menor cuantía personal, política y humana que carece de tablas y entidad para representar papeles que deberían ser dignos, porque en el mundo del teatro hasta los villanos tienen y sostienen su peculiar honra.

Diego Armario

viñeta de Linda Galmor