Pre independencia

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Pre independencia.

Puigdemont el del pelucón, que preside la autonomía catalana después que la CUP («of cofee», que decía Ana Botella) haya mandando a Arturo Mas a la mismísima Venta del Nabo, era hasta ahora alcalde de una ciudad que no sé dónde está. Sé el sitio donde está Gerona, la de los Sitios, pero no tengo ni puñetera idea de dónde lo que las radios en lengua española dicen acerca del lugar de procedencia de quien hasta antier era un desconocido: eso de «Yirona». Hay toda una geografía de España que desconozco. Oyendo hablar en español no sé dónde está Yirona, ni dónde Ondarribia, ni dónde Lleida, ni dónde Eivissa, ni dónde Iruña. Me pasa igual que a los catalanes en sus televisiones, diarios y radios, que como saben dónde está Terol, andan buscando a Teruel, y como desconocen la situación de Osca, no acaban de encontrar a Huesca.

Tienen los separatas catalanes mucha suerte con Puigdemont, presidente de su autonomía gracias a las flequis de la CUP. Ea, ya tienen en el Palacio de San Jorge lo que no soñaban ni con el deshonrado Pujol ni con Mas: un descendiente directo del mismísimo «Guifré el Pilós». Este Guifré el Pilós debe de ser, en plan «Yirona», el Wifredo el Velloso de toda la vida. A quien conozco no porque sea experto en historia del Noreste del Reino de Aragón, sino porque en la Feria de Sevilla había una caseta que se llamaba así, en plan de cachondeo. O sea, lo mismo que nos hemos tomado muchos al tal Casademont o Puigdemont o como sea.

Si ellos no respetan las leyes y se las saltan a la torera (aunque hayan prohibido la Fiesta, por Nacional y por española), ¿cómo quieren estos gachés que los respetemos a ellos? Si se pasan las sentencias del Constitucional por el forro de los paños de Tarrasa, ¿cómo hemos de tenerles la menor consideración? No sólo no cumplen las leyes: ni la voluntad de las urnas. Mas, antes de coger el camino a la Venta del Nabo, dijo una de las frases más antidemocráticas que he oído: «Hemos corregido en la negociación lo que no nos dieron las urnas». Eso está no a cinco minutos, sino a tres segundos (y con «foto-finish») del fascista y totalitario: «El mejor destino de las urnas es romperlas».

Ellos, de hecho, las han roto. Y No Passssa Nada. Y el Gobierno de Madrid, tragando, y publicando comunicados cada vez más duros sobre el cumplimiento de las leyes, pero cada vez menos resolutorios: acobardamiento en fase creciente y valentía en fase menguante. Me paran por la calle y me preguntan:

—Oiga, Burgos: ¿usted sabe si por un casual el artículo 155 sigue estando en la Constitución o los separatistas catalanes lo han mandado quitar para aceptar la última morterá de dinero que les ha dado Madrid?

Lo del «Barsa es más que un club» es cierto. De esa fábrica azulgrana de separatistas y de anticatalanistas han debido de aprender que hay veces en que los partidos que se pierden en los campos se ganan en los despachos. Así ha llegado a presidente Puigdemont el Pilós, con los amaños que se han traído de espaldas al resto de los españoles, limpiándose en las cortinas de la soberanía nacional, qui- tando la Bandera de la Patria y los retratos de su Rey ante una Justicia encantada de haberse conocido con este Gobierno acogotado y con estos sediciosos rompedores de la Unidad nacional.

Y como el que no le da importancia a la cosa, El Pilós ha proclamado por su cuenta la «preindependencia». Muchos se sorprenden y se preguntan si habrá luego «postindependencia». A mí no me extraña nada. Esto de la «preindependencia» me recuerda a la «preautonomía» que les dimos cuando empezamos a tragar, a traspasarles la Educación como un arma para enseñar a odiar a España. Llegó Tarradellas y dijo: «Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí!». El separatista del pelucón ha dicho, en su lengua de «Yirona»: «Ciudadanos de España, la preindependencia ya está aquí; esperen un momento, que a la independencia la están peinando».

Antonio Burgos ( ABC )

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