EL PRECIO DE LA FAMA

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EL PRECIO DE LA FAMA

El ministro de cultura Maxim Huertas no gana para disgustos, y eso le pasa por haber aceptado precipitadamente la titularidad de un departamento que no le gusta, que carece de presupuesto porque es de nueva creación y que le obliga a tratar con gente que suda mucho, circunstancia que no es muy agradable  para alguien que no está acostumbrado a esas ordinarieces.

Al pobre hombre – dicho sea con  todo respeto y un sentimiento de solidaridad –  la canallesca no ha respetado ni uno de los cien días de gracia que por cortesía, se le conceden a quienes llegan de nuevas a un cargo de responsabilidad pública.   Para la prensa, su foto oficial del día en que tomo posesión fueron las suelas de sus zapatos nuevos en los que se veía el tique del precio.  Al día siguiente intento congraciarse con los deportista, de los que había hablado pestes antes de imaginar que iba a tener que bregar con ellos, y dio un abrazo tan fuerte a Iniesta que parecía que se despedía de él porque se iba a la guerra en vez de al Mundial de Rusia.

Dos días después le toco ir a la Ferian del libro, que es un espacio en el que se siente en su salsa, porque es un escritor de éxito, y en el momento en el que le picaron sus partes e intentó colocárselas mejor – que ese es un asunto que a los hombres nos surge como una urgencia y no podemos esperar a hacerlo después-   un camarógrafo le enfocó manipulándose el paquete y acabó siendo trending topic , con lo que la cultura quedo sustituida por la testosterona.

Pero aún quedaba lo que estaba por venir.  Algún enemigo ha estado rebuscando en sus declaraciones de hacienda y  hoy publica toda la prensa que en el año 2014 fue condenado por Hacienda a pagar un pastizal de 365.939 euros por utilizar una empresa interpuesta para pagar menos impuestos. La pregunta que él y yo nos hacemos es  ¿con qué nueva noticia le van a  amargar la vida  los próximos días?

Algunos sabemos que el que más y el que menos, cuando ya ha cumplido unos cuantos años tiene algún cadáver en su armario que permanece allí oculto hasta que tiene la desgracia de encontrarse con la fama, y esto lo cuento yo que me apellido como el mueble que acabo de citar y he jugueteado durante algún tiempo en mi vida con esa pretenciosa apariencia que solo sirve para crearte enemigos.

Advierto que la única fama peligrosa es la que está vinculada al poder de verdad, porque  los que dan voces en unos u otros programas de televisión no dejan de ser unos personajes  conocidos, bien pagados y bastante horteras que exhiben su desnudez intelectual y no provocan los celos de nadie.

Los que pagan de verdad el precio de la fama son los que provocan la envidia  o el odio de sus enemigos y eso sucede en política, una profesión denostada, con algunos compañeros de viaje bastante impresentables y unos medios de comunicación que ponen el foco en la entrepierne antes que en la cabeza pensante.

Le doy un consejo de amigo, ministro. Dimita antes de que le sigan jodiendo, y regrese a la literatura, donde los enemigos hacen menos daño.

Diego Armario

viñeta de Linda Galmor