PUIGDEMONT POR SKYPE

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PUIGDEMONT POR SKYPE

Se empezó con el televoto y se acabará en la democracia telemática: mítines virtuales, discursos en vídeos, aparición de los candidatos a través de la Red. Ya no hay fronteras para la presencia de un cuerpo mortal. Pero la ocurrencia de Puigdemont, de ser investido por Skype y el apoyo al disparate que recibe de parte de su partido -otra está huyendo de los fiscales por las alcantarillas- indicaría que efectivamente lo del seny era un cuento y lo real es una falta de cordura de secta entre la manía persecutoria, el surrealismo de tramontana y el engreimiento.

El secretario general del PPC, Santi Rodríguez, ha calificado de “esperpéntica, surrealista y extraña” la propuesta de investidura telemática de Carles Puigdemont. El fugitivo quiere estar en todas partes menos en Estremera y gobernar desde la globogalaxia como Dios.

Ha propuesto dirigirse a la nación y al mundo a través de Skype, ese software que transmite en vivo y en directo al orador en su discurso.

Podemos asistir a un disparate, un insulto al sentido común. Aunque hay que reconocer que aquel mediocre político que se escapó para no ser detenido se ha transformado en un personaje en Flandes. Como Merlín, no tenía tela y se hizo el traje con varios jirones de ropa vieja; quedó ridículo, pero vestido. Encanta a algunos de sus seguidores e intentará, si los letrados no lo impiden, que la mesa búlgara-independentista convierta el Parlament en un cine de sesión continua. Como el reglamento de la cámara es anterior a la Red no impide la presencia telemática. Parece que Marta Rovira, secretaria general del ERC, durante su última visita a Bruselas convenció a Puigdemont de que dejara de jugar a la magia pero quedó en el aire la posibilidad de que el ex se aparezca telemáticamente el día de autos.

Como Merlín o como Maese Pedro con su retablo, falsario y encantador, el galeote huido de la justicia no lleva mono en el hombro pero es ya una especie de hechicero. Para la mayoría de la población, estamos ante un pelmazo, insistente. Es difícil de soportar -para los que no comparten la fe en la república catalana e incluso para muchos de los que le votaron- esa tabarra de ruido desapacible, molesto e insistente, con esos gags de martilletes móviles, mientras la mayoría parlamentaria sigue pendiente de la carraca de Bruselas.

Raúl del Pozo ( El Mundo )

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