” PUTCH ” Y EL REFERÉNDUM

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” PUTCH ” Y EL REFERÉNDUM

El Ejército ha informado que han empezado maniobras en seis poblaciones del Alt Empordá. Son ejercicios habituales. El alcalde de Llers ha dicho, bromeando, que empezaba la invasión. El Ejército no ha sufrido los efectos de la tramuntana en la tierra de Pla; se trata de una marcha de endurecimiento. En las maniobras se han visto vehículos, no banderas, aunque estemos viviendo otra vez en Europa, el triunfo de las banderas al calor de la cuadra y la tribu. Montserrat Guibernan, una catalana cosmopolita, en su libro Identidad explica que, aunque se pensaba que la posmodernidad estaba regida por el individualismo, todo indica que la pertenencia a un grupo, tribu, nación, secta, club, equipo, parroquia es una característica de nuestro tiempo.

El nacionalismo, la identidad compartida, rebrota en Europa y también en España donde los independentistas sacaron en la Diada más banderas que cabezas y cremaron la enseña de España, la de Francia y la de Europa. Es que el nacional-populismo también detesta a Europa, sueña con fronteras, vallas y sus propias banderas. También sueña, como es canónico, con un plebiscito que la justicia está dispuesta a evitar. Los fiscales han ordenado a los mossos, picos y maderos evitar el 1-O. Tendrán que requisar las urnas, las papeletas del referéndum ilegal, esa gran parida del nacionalismo.

Arturo Pérez Reverte, el autor más universal de nuestra literatura actual, culpa del putch -golpe de Estado- no solo a los independentistas catalanes, sino “a esa panda de charlatanes, fanáticos, catetos, y a veces ladrones, dueña de una España estupefacta”. Acusa a los políticos de haber montado una fábrica de desprecio a todo cuanto se relaciona con la palabra España. Considera Arturo culpable del esperpento hasta a la Real Academia Española, que para no meterse en problemas, “negó siempre su amparo a los profesores, empresarios y padres de familia que acudían a ella denunciando chantajes lingüísticos”.

Los nacionalistas que se sienten amenazados o que se sienten superiores, han sacado del arca del inconsciente banderas de tela o de nailon, como los piratas. Así hicieron en el pasado siglo los países más totalitarios; otra vez se han izado estandartes para agitar a las masas. Las supersticiones son más fuertes que las razones y las banderas, “cosidos los trapos por el sufrimiento del pueblo”, segúnPablo Neruda. De Maquiavelo -que se adelantó a todo, incluso a la posverdad– les sirve el consejo maligno según el cual no hay que ganar por la fuerza lo que se puede ganar con la mentira. En El Príncipe los dos animales que simbolizan el político son el león y la zorra. Los políticos españoles para los nacionalistas han sido corderos, que según explica Bobbio, no son animales políticos. “Al que se convierte en cordero se lo come el lobo”. El Príncipe es un breviario demoniaco para los pequeños príncipes del Renacimiento y ahora estamos en una Europa rodeada por terroristas y hambrientos y una España que sigue, a medio hacer. Y necesitamos animales políticos, no borregos.

Raúl del Pozo ( El Mundo )

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