¿ QUIÉN DIJO” INFLUENCER ” ?

marilynv

¿ QUIÉN DIJO” INFLUENCER ” ?

La importancia es un valor añadido. Y la fama también. Personas importantes y afamadas eran antes los arquitectos, cirujanos o catedráticos. Y no todos. La figura del cirujano, por ejemplo, ha estado siempre sobrevalorada. Entiendo que a la hora de pasar por quirófano el enfermo piense en un médico de manos finas, pero la exageración está de más. Las madres de antes soñaban con una profesión pomposa para cada uno de sus hijos: “Éste será cura, y el otro, cirujano”, decían. A ninguna se le ocurría un internista, con lo que mola lo del ojo clínico.

El cirujano ha pasado a la historia. Al fin y al cabo, no es más que un matarife ilustrado, un costurero capaz de hacer vainicas y pespuntes atravesando los espacios intercostales. La culpa de que el cirujano esté sobrevalorado no es de él, sino de quienes tienen una percepción cruenta y disparatada de su trabajo.

Gente necia la ha habido en todas las épocas. No caeré en la tentación de creer que ahora más. Lo único que diferencia unos tiempos de otros son las redes sociales y el uso que se hace de ellas. Si antes había que ser catedrático o arquitecto para gozar de prestigio, ahora hay que ser ‘influencer’.

La palabra influencer produce rubor. Me pregunto qué grado de gilipollez no tendrán esas legiones de pipiolos arrogantes que a falta de terminar COU decidieron autoproclamarse influencers y colgar fotos en Instagram para que el personal lo llevara bajo palio.

La única vez que vi a Salvador Dalí fue en Barcelona, en la mítica Tuset Street (supongo que ahora se llamará, más que nunca, carrer Tuset). Iba solo, barriendo la calle con un abrigo de leopardo (auténtico, supongo) y la cabeza bien alta, como si estuviera insuflado de divinidad. Aparentemente, Dalí era un megalómano y un zumbado, pero la realidad demostró que era un magnífico pintor, además de un tipo genialoide, capaz de crear escuela con uno solo de sus gestos.

Siempre ha habido hombres que han sido, por su personalidad, modelos a imitar,como John LennonEinsteinFrida KahloGroucho MarxMarilyn… En cada uno de estos icono late un idea publicitaria, una teoría filosófica, un guiño estético,

Todos los personajes singulares de la Historia han sido ‘influencers’, aunque no existieran las redes sociales y la propia palabra influencer durmiera el sueño de los nonatos. De aquellos influencers históricos hemos pasado a los pequeños influencers modernos, hombrecillos menudos que miden su capacidad de influir en número de seguidores y golpes de tecla para sumar likes (me gusta). Hay un grado de obscenidad en este planteamiento. De entrada, considerarse influyente es una majadería del tamaño de una catedral. Dicho de otra forma: es como si yo, en lugar de definirme periodista (o periodista y escritora, que de por sí ya delata cierta pretenciosidad), me proclamara creadora de opinión. Sería para mearse de risa.

Queda dicho pues que los influencers nacen y se hacen en las redes con los mecanismos propios de ellas. No existen masters en ‘influencias’, pero los ‘influencers’ se mueven en zonas adyacentes al márketing y su caldo de cultivo es el patrocinio. Sin marcas y sin eventos, no hay tomate. A diferencia del filósofo, que es un influyente de alta gama, el influencer no pasa de chiquilicuatre y se limita a recomendar un restaurante, un crecepelo o una marca de ropa interior.

El Mundo

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