Quien impide, en verdad, formar gobierno

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Quien impide, en verdad, formar gobierno.

Llevamos tres meses largos de hojarasca mediática, pasarela y una abrumadora campaña para convertir una consigna en hecho real y una falsedad flagrante en una verdad revelada. Es tan así que viene a parecernos veraz la mentira repetida millones, porque son millones, de veces de que Pedro Sánchez es quien intenta desbloquear la situación de parálisis político y de imposibilidad de formar gobierno cuando es exactamente lo contrario. Desde el primer minuto tras contarse los votos, quien impide formarlo es precisamente él, porque su única pretensión es que él y nadie más que él es el quien ha de sentarse en el sillón de la Moncloa.

Es la tozuda obcecación, ambición e intento de supervivencia de Sánchez quien tiene paralizada España. Y lo es porque, de inicio y de partida, es un hecho imposible de soslayar, por mil revueltas que se le de al rabo, que su resultado electoral fue desastroso, se quedó en unos exiguos 90 escaños y en lo personal sufrió la mas humillante derrota en su circunscripción madrileño. Con ello su pretensión de auparse a la dirección del país viene a concluir en un ejercicio continuo de ilusionismo político intentando conjugar ya no solo a contrarios sino a enemigos declarados de la propia España para montado sobre sus votos activos o pasivos ya no solo salvarse sino convertirse en un vencedor, aunque de serlo fuera tan solo un prisionero de quienes lo puedan aupar por conveniencia al pedestal del poder.

Porque el principio esencial de este rompecabezas, de este puzzle infernal en que andamos enfangados parte de algo tan obvio como parece que olvidado. Que el único que por lo visto tiene vetado alcanzar la presidencia resulta ser el que ganó, cierto que sin mayoría suficiente, pero ganó, las elecciones en número de votos y en numero de escaños, mas de 1,7 millones y 33 escaños de diferencia y que el único que supuestamente puede y debe ser presidente es precisamente quien las ha perdido.

Con tal premisa todo se convierte en un pandemónium de casi imposible encaje y si se encaja lo que no tiene ensamblaje es porque se desguaza todo y se destruye lo que queda a martillazos. Así un día se pretende, con un pacto que apenas sobrepasa el tercio de la cámara investirse y , una vez arramblado por los votos de los diputados, pasarse sin solución de continuidad al extremo contrario para sumar por el otro lado, que no suma tampoco. Y así la pantomima dura ya más de cien días y más de un millar de posados, que ya las últimas pasarelas producen vergüenza ajena y hasta propia, pues los periodistas nos hemos convertido en parte de atrezo y actuamos de figurantes en el rodaje del spot publicitario.

Sánchez es, pues, no quien trabaja para formar un gobierno absurdo y de previsibles resultados desastrosos, sino quien impide un gobierno que se atenga a los resultados electorales y a la voluntad popular expresada en las urnas. Un gobierno donde más allá de las monsergas y calificativos este ordenada y contemplada la voluntad del pueblo soberano y que desde luego y antes que con nadie haya de contarse con quien ha tenido un mayor apoyo. La pretensión de aislarlo, excluirlo, arrojarlo a las tinieblas exteriores es pretender hacerlo con los 7,2 millones de ciudadanos que los votaron. Y no es menos alucinógena la pretensión de quien desde hace un tiempo se ha convertido en un “encollerado” con Sánchez, Albert Rivera. Que sea Rajoy quien se preste a ser comparsa de lo que ellos han cocinado, emplatado y además les ha sido rechazado por dos veces por falta de una por los comensales y no solo se una como convidado de piedra y sin cuchara al festín ajeno sino que se clave el cuchillo en los hígados y se autoentierre el mimo. Propuesta que, encima, se presenta como el colmo de la generosidad y la bonhomía. Como la salida, porque sino, dicen, el colega puede irse al monte, echarse en manos de los “malos” y entonces la culpa sería de quien no se ha prestado a inmolarse.
O sea, para que nos entendamos, si Sánchez se entrega a extrema izquierda y separatistas la culpa será de Rajoy por no haberse suicidado el. La culpa jamás será de quien perpetre tal tropelía. Digo yo que será porque Sánchez ha de ser presidente y está a ello predestinado por no se que voluntad, pero no desde luego por la de las urnas. Por las buenas, por las malas o con el diablo, si le ofreciera pacto. Pero la culpa no es suya.

Pero es el, Pedro Sánchez, y nadie más que él, es hora de distinguir ya el trigo entre tanta paja, el responsable de la parálisis política que ha provocado y lo será de sus actos. Porque el sigue, aunque tenga caducado el título ya no de Encomendo, que tanto exhibió a cada paso, sino de presidente virtual y encampanado. Ahora en pleno galanteo con los Podemitas, que tiene a los naranjas de los nervios y los celos, y con escenas cada vez más de sainete. No fue la peor la de su engolado y achulado enfado cuando Iglesias renunciaba a ser vicepresidente de ese hipotético gobierno y el se engolaba diciendo que era hacerlo de lo que no tenía, de algo que el mismo se había propuesto. ¿Y acaso el es “algo”? Acaso no es lo mismo la vicepresidencia de Iglesias que la presidencia suya. ¿No son ambas y por ahora igualmente ectoplásmicas?.

Y es que cada vez esto resulta más cansino y más fantasmagórico. Aunque al final lo consiga. Pero si van a pactar pues que de una vez lo hagan y nos dejen en paz de cuentos chinos y de sombras chinescas. Aunque desde luego ello sería para mal y no tardaríamos en sufrir el desaguisado. Lo mejor, lo decente, es que de una vez por todas se pusiera pie en el verdadero punto de partida, los resultados electorales, y se actuara, sin sectarismo, ni vetos, ni exclusiones, en consecuencia. O sea que aquí quien de una vez debiera dejar de taponar, de bloquear con su llave cualquier apertura de una puerta que lleve a una senda razonable sea este tal Sánchez de ignotos merecimientos pasados pero de ya muy exhibidas e irrefrenables ambiciones.

Antonio Pérez Henares

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