¿ QUIÉN PAGA LA ORQUESTA ?

roviraz

¿ QUIÉN PAGA LA ORQUESTA ?

Esta vez sabemos quién sopla la flauta y quién pagaba la orquesta para hacer pensar al universo que España toca el laúd con mástil negro de Turquía. En los últimos diez años, los independentistas se han gastado miles de millones de euros en teatro, uno de los mejores medios de propaganda política desde el espectáculo isabelino y los autos sacramentales. Han construido una poderosa armada de filfas y pegotes, se han pulido cientos de millones para financiar lo que definían como intereses de Cataluña en el mundo.

Ahora esa propaganda nacionalista la dirigen a escrachar a los jueces y a lograr que vuelva la blandura y el apaciguamiento del Estado para irse de rositas y salir del trullo. El diplocat de Raül Romeva tiraba de tarjeta al estilo black, montaba embajadas en las que, sólo en el 2017, se pulieron 30 millones para internacionalizar el procés.

En estos días leguleyos de fortuna llevan el caso de los presos políticos a la ONU. Ningún país de Europa ha apoyado la revuelta, pero el fanatismo, untado con tela, intenta difundir la idea de que España es una democracia imperfecta. Expertos en derechos humanos se muestran preocupados por el deterioro del Estado de derecho que se ha permitido defender la legalidad y la soberanía nacional. Están dando toques por el supuesto incumplimiento de las disposiciones sobre derechos humanos y la libertad de expresión. Vuelven a decir que los españoles son vagos, borrachos y franquistas.

Esta democracia se puede codear con la de una Europa amenazada por el nacional-populismo. Hablan de la mala calidad del sistema y otra vez de la decadencia de España. Pero si España está en decadencia desde Rocroi. Esta es la historia de una constante desintegración y declive, un constante repliegue, desde que la anunciara Víctor Hugo, el más español de los franceses. Hijo de un general de Napoleón fue leal al Corso y a los patriotas. Desprecia a los reyes felones y traidores, a los políticos corruptos de la época.

Presenta al lacayo Ruy Blas como amante de la mujer de Carlos II y hace la elegía de la desintegración: L’Espagne et sa vertu, L’ Espagne et su grandeur. Todo se hundía y los políticos despojaban hasta las tumbas; la ley se desmoronaba; se pudría la cabeza de la nación. Pero el pontífice de la libertad creía en la leyenda épica de este país, que despreciaban otras naciones. Antes la orquesta contra España la pagaban los ingleses, los belgas, los holandeses; ahora afloran en níquel los independentistas con el dinero de todos los españoles.

Raúl del Pozo ( El Mundo )