EL RAP DE IRENE MONTERO

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EL RAP DE IRENE MONTERO

Irene Montero se engañó pero no mentía. Aseguró campante y perpleja que no había dicho lo que todos oyeron. Creo a su Señoría porque ella está convencida de sus intenciones y sabe lo que quiso expresar, pero no las palabras exactas que empleó. Suele pasar cuando el discurso es memorizado. Se dice no se sabe bien qué. En apenas dos minutos repitió acompasadamente hasta cuatro veces que la economía debe estar en manos de la gente y no en las de los mayordomos de los poderosos y afirmó otras dos lo que negó inmediatamente después haber dicho: que un ministro debe comprar viviendas para vivir, no para especular.

Tras una pregunta sobre Sánchez y Cataluña, Sonsoles Ónega dio en el clavo: “¿Por qué saben que De Guindos compró para especular?”. La portavoz de Podemos abrió algo más sus ojos, miró a un lado y otro, se encogió un poco y sentenció impertérrita: “Yo no he dicho tal cosa”. Silencio sepulcral y fin de la comparecencia. Montero no mentía, sólo le traicionó la pregunta. Simplemente porque era demasiado concreta y tuvo que improvisar parte de la respuesta anterior. Es obvio: De Guindos compró para especular porque pertenece al mundo de los tiburones financieros y fue ministro del PP. No requiere aclaración. Montero no entendió la pertinencia de la pregunta y se le fundieron los plomos. No era desfachatez sino asombro. Se extrañó de que no fuese suficiente su perorata anterior, que no bastase con la presentación de su proyecto de emprendimiento familiar.

La élite de Podemos lleva años padeciendo desarmonía entre lo que realmente piensa y lo que manifiesta. Esa disonancia entre su sistema de ideas y creencias latentes y las expuestas generan a la larga estos descuidos. Todo funcionaba mejor cuando las preguntas eran pastelosas e imprecisas y adaptadas al share buscaban la respuesta que Iglesias y compañía querían dar y la audiencia escuchar. Lanomenklatura adoptaba ritmo de rap, recitaba y provocaba furor, por mucho veneno que inoculara en una sociedad empobrecida, desorientada y confusa.

Una pareja de diputados y comunicadores invierte en una vivienda en zona residencial. Hace años Iglesias arremetía contra el lumpen por carecer de conciencia de clase. Hoy considerará lumpen y disidente a todo el que no admita la gravedad del asunto: la conjura de los poderosos pretende evitar que el padrecitopruebe primero el Edén de la propiedad antes de decidir si procede abolir la de los demás. La pareja emprende, la camarilla cierra filas, los ingenuos se desperezan.

Javier Redondo ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor