Recuerdos de una paliza

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Recuerdos de una paliza.

La reacción fue veloz, fulminante, propia de un reptil. Susana Díaz, al oír los calificativos con los que Teresa Rodríguez se refería al detritus que emana del «cortijo» socialista, tomó el camino de la venganza y embistió como un áspid. El duelo fue de navajeros, un ejemplo de ese «soft power» femenino tanto tiempo esperado en las cámaras representativas.

Con las cosas del comer no se juega, pensaría la presidenta, quien no escatimó en arreones. La bronca fue extraordinaria, una paliza que recordó a la sufrida por el escultor Benvenuto Cellini, quien, con cinco años, contó a su padre haber visto una salamandra jugar en un fuego. El padre, consciente de la magnitud del suceso, propinó una paliza a su hijo para que la visión, pocas veces permitida al ser humano, se le quedara grabada para siempre.

Lucas Haurie ( La Razón )

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