RÉQUIEM POR LA LIBERTAD

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RÉQUIEM POR LA LIBERTAD

Las lágrimas por la libertad están secas en Venezuela y no pueden confundirse con la sangre de los que mueren por defenderla ni tampoco con la pena de los que sufren su ausencia, porque estos días en aquel país caribeño no hay tiempo para el lamento ni espacio para la cobardía, aunque sí para la impunidad.

Este país partido en dos mitades, tiene a un lado a los hombres y mujeres que están dispuestos a morir con dignidad y en el otro a quienes los asesinan a balazos ayudados del lumpen chavista.

Durante años he viajado por distintos estados de Venezuela y la única ciudad que nunca me gustó fue Caracas porque, sin que nadie tuviera que advertírtelo tenía la sensación de que en aquella urbe desordenada e inmensa los delincuentes tenían patente de corso y no existían razones para confiar en que un policía te protegiera frente de sus excesos.

Ni siquiera en Harlem por la noche tuve nunca el corazón acelerado y la confianza vacía, porque aun siendo Nueva York una ciudad de riesgo allí los criminales por lo general son perseguidos por la policia mientras que en Venezuela no pocas veces los tienen de socios.

Nicolás Maduro hace tiempo que se convirtió en el jefe de una banda organizada para delinquir, robar, traficar con drogas , encarcelar a los oponentes políticos y quitarle a sus compatriotas el pan , pero no el hambre de libertad.

El personaje más indocumentado y mediocre de la historia de ese país ha conseguido convertir en socios a los miembros de la guardia bolivariana y a los delincuentes urbanos que en cualquier lugar decente estarían juzgados y condenados , pero allí asesinan en nombre del gobierno.

En Venezuela la represión de la dictadura chavista – imagino que si Hugo Chaves viviera estaría reprimiendo a los ciudadanos con la misma dureza que Maduro – ha provocado una ola de dignidad y de vergüenza entre la población y la clase política opositora, que se juega la vida todos los días por defender la libertad, y eso me lleva a reflexionar sobre el escaso valor que ese bien tiene para los ciudadanos de los países en los que no está en riesgo.

Allí saben que si salen a la calle pueden perder la vida o acabar torturado en la cárcel, y a pesar de ello cada día cierran la puerta de su casa y se echan a andar por los caminos o las autovías para que los dictadores tengan miedo.

Venezuela hoy en un ejemplo de dignidad que reluce con intensidad porque enfrente tiene a un gobierno y unas Fuerzas Armadas que apestan.

La libertad es frágil y tiene demasiados enemigos, por eso es sorprendente que en algunos países los ciudadanos esperen a que llegue un momento como el que se vive hoy allí para que comprendan que nuestros derechos y los de nuestros hijos hay que defenderlos frente a los ignorantes, los estúpidos y los dictadores vocacionales antes de que sea demasiado tarde.

Me resulta sencillo entender a los ignorantes pero no a los estúpidos. Los primeros me dan pena y los segundos me provocan desprecio porque está acreditado que no existe personaje más peligroso que un tonto con poder rodeado de secuaces dispuestos a cumplir sus órdenes.

Diego Armario

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