EL REY PARÓ EL ” ISMO “

fuegomu

EL REY PARÓ EL ” ISMO ”

El XX fue el siglo de Sartre, el de la violencia revolucionaria, el de los grandes cambios y los espeluznantes dogmas; acabó en limpieza étnica y genocidios, con los fogonazos de libertad del París del 68 y la Revolución de los Claveles de Lisboa. Querían cambiar el mundo y lo empeoraron.

Con el siglo XXI decían que había llegado el fin de los ismos, pero sobrevivieron dos: populismo y nacionalismo. Las otras vanguardias acabaron en las mansiones de los ricos del capitalismo basura. No hay nada que envejezca tan pronto como la vanguardia o los ismos: aquellos manifiestos deslumbrantes son, vistos ahora, poemas mediocres. El simbolismo, el modernismo, el futurismo de Marinetti -cantaba a las grandes masas agitadas por el placer o por la revuelta-, el cubismo, Apollinaire, los estirados arlequines de Picasso, el dadaísmo de Tristan Tzara, el ultraísmo de Borges o el surrealismo de Breton. Algunos suenan ahora a kitsch.

El siglo XXI apareció sin utopías ni vanguardias. Ciudades atacadas, vídeos apocalípticos, el arte digital y electrónico, el body art y el despropósito de pandillas urbanas que hablan por el móvil con otros cuando están juntos.

En política se oscureció el mundo que se había esclarecido en el Siglo de las Luces y en los posteriores. Enterraron el marxismo y no nació nada nuevo. Juan Carlos Monedero dice que el XIX fue liberal; el XX, socialdemócrata y el XXI, neoliberal. El siglo XX nació entre vanguardias, cantando aquello de “sóviet más electricidad”. El XXI amaneció con escraches y redes sociales. El socialismo del siglo XXI, el bolivariano, terminó en linchamientos y colas.

En lo que se refiere a España, la nación fue atacada por el nacionalismo, el peor de los ismos; no hay colmillo de jabalí que haya dado tal navajada a nuestra democracia. Desde la izquierda desorientada, sin una idea de España, se pide la República y una nueva Constitución verde, roja y violeta, olvidando que ha sido el Rey Felipe VI el que se ha enfrentado a esa explosión de nacionalismo en racimo que amenaza a varias comunidades. La crisis del régimen del 78 es la ascensión del nacionalpopulismo.

El juez del Tribunal Supremo, el que procesó a los 23 cabecillas de la rebelión, insiste en su auto en que el Rey tuvo que intervenir ante la fuerza de la violencia conscientemente asumida y buscada. “El Rey dirigió un mensaje a la nación y reclamó al Gobierno de la Generalitat que respetara el orden constitucional democrático”. “Cataluña estaba fuera del control policial, hasta el punto de que los 17.000 agentes armados no respondían a las órdenes legales, sino a los procesados”, expone. El ismo acabó en insurrección y lo paró el Rey.

Raúl del Pozo ( El Mundo )