SACAUNTOS

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SACAUNTOS

Para que no nos alejáramos mucho de casa, en mi época y en mi región, no sé en otras, a los niños nos asustaban con el sacauntos, un siniestro y temible personaje que secuestraba a los niños para sacarles el unto del cuerpo, que mandaba en sacos a Corea. De toda aquella amenaza lo que a mí me daba más miedo, recuerdo, era acabar en Corea, país cuya situación en el mapa desconocía pero que imaginaba remoto y habitado por unos hombres siniestros que se alimentaban del unto de los niños como yo.

La presencia al frente de Corea del Norte, una de las dos partes en las que la península asiática quedó dividida a raíz de aquella guerra, y de Estados Unidos de dos iluminados ha vuelto a hacer sonar 60 años después los tambores de guerra en aquella región del Pacífico, que contiene la respiración ante lo que pueda ocurrir. Mientras que los militares de Kim Jong-un, el extravagante líder norcoreano, siguen lanzando misiles al mar para demostrarle al mundo que pueden alcanzar nuclearmente a América, el no menos peligroso Donald Trump repite desde hace días que se ha agotado su paciencia.
Lejos de allí, sin embargo, en Europa y en otros continentes, incluida Sudamérica, muchos parecen divertirse con las bravuconadas de los dos líderes, así como con sus peinados, dignos de personajes de cine de serie b, como si lo que pudieran llegar a hacer nada tuviera que ver con nosotros. Corea está muy lejos, parecen pensar muchos europeos olvidando que en el mundo actual nada queda lejos y, sobre todo, que la famosa frase de Shakespeare en Macbeth sobre la vida de los hombres sigue completamente vigente, si no lo está más que cuando la escribió: “La vida es un cuento contado por un idiota lleno de ruido y de furia”.
Viendo a los protagonistas de esta historia, no obstante, uno, más que en Shakespeare y en Macbeth, piensa en los sacauntos de su infancia, aquellos siniestros hombres que se llevaban a los niños en sacos a Corea para arrancarles el unto y alimentarse de él y que en mi imaginación debían de tener el mismo aspecto que Donald Trump y Kim Jong-un. Lo que ocurre es que ahora no es una fantasía infantil y que en cualquier momento éstos la pueden hacer real.
El País

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