Sánchez: “No hay sueldo que justifique comprenderle”

TERRITORIOX

Sánchez: “No hay sueldo que justifique comprenderle”

Trato de comprender qué quiso decir Pedro Sánchez con su reflexión acerca de que “todas las naciones son España”. Me pagan por intentar comprender estas cosas, lo aclaro por si acaso ya están musitando ustedes que hay formas más provechosas de mantenerse ocupado.

En realidad, esta frase en particular puede adjudicarse a la tradición de naderías de galletita china de la suerte que inauguró Zapatero cuando la socialdemocracia pasó de lo doctrinal a lo emocional y se aplicó una capa de cursilería que la hacía pringosa al tacto. De repente, los ministros ganaban prestigio si rompían a llorar, conmovidos por los entuertos de las buenas gentes, por lo que hasta Soraya Sáenz de Santamaría lo intentó una vez con lágrimas sólidas de atrezo como las de Sara Montiel en «Veracruz». Pero la vice sufrió un estreñimiento emotivo que le impidió desgarrarse del todo como aquella Elsa Fornero, de manera que regresó a la condición tecnocrática en la que sentir algo es tan improbable como enamorarse cuando se es un barman en «Pasión de las fuertes». Qué quedará del Estado el día que un Montoro se emocione.

Mucho antes, Zapatero había comenzado a decir cosas un poco sioux como que la tierra no es de nadie, sino que pertenece al viento, lo cual me parece confuso en relación con la estabilidad jurídica de la propiedad privada. La frase de Sánchez puede por tanto ser una nadería relacionada con ese propósito de sexar naciones que el PSOE ha emprendido con cierta improvisación como en un gigantesco «casting» de pretenciosos históricos que excluye viejas coronas como las de León o Castilla por su resignación leal.

Pero, aun así, me produce cierto agobio. Cuando Pedro Sánchez dice que todas las naciones son España, ¿se refiere a que son España, sin saberlo, todas las naciones del planeta, como en una versión aún más totalizadora del imperio en el que nunca se ponía el Sol? Esto acarrearía una refutación del viejo axioma de Cánovas según el cual español es quien no puede ser otra cosa. No habría huida. No quedaría más remedio que ser español, incluso los nacidos en los Alpes bávaros que bailan con el «lederhosen» puesto o los reductores de cabezas del Amazonas. Españoles todos.

Pedro Sánchez también puede haber intentado decir que todas las naciones por él fundadas en su proyecto plurinacional serían por añadidura españolas. O sea, lo que ya son. Entonces, si ya lo son, ¿por qué meterse en un esfuerzo de retórica disgregadora que llenaría su federalismo fatuo de agravios comparativos y engendros antihistóricos, de naciones ungidas como tales por sorteo? ¿Saben qué?, no hay sueldo que justifique tratar de comprender a Pedro Sánchez. Bastante complicado es ya seguir la trama de ‘Juego de tronos’. Hala, quédenselo ustedes, disfrútenlo y procuren que no funde más de dos naciones al día, que se viene arriba y sólo en el Retiro encuentra tres.

David Gistau ( Periodista Digital )