Sánchez, el pistolero más rápido

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Sánchez, el pistolero más rápido.

Puede haber sido el error principal cometido por Mariano Rajoy en su estrategia para sacar adelante su investidura: haber creído que dar tiempo al PSOE para rectificar su oposición iba a hacer entrar en razón a Pedro Sánchez. Una película muy bonita que pasaba por un líder socialista sensato, dispuesto a escuchar a las figuras más relevantes de su partido y llegar a la conclusión de que debe propiciar la abstención de su grupo para permitir que España tenga por fin gobierno.

Sánchez no está por la labor de aprenderse las líneas que le han escrito los guionistas del film del que no es más que un actor secundario. Ni por supuesto tiene la mínima dosis de sentido de Estado, ni la intención de preservar a su partido de mayores descalabros futuros de los que ha cosechado últimamente. El secretario general del PSOE anda solo preocupado por conservar el sillón del que sus barones planean cómo bajarle en su congreso del próximo otoño. Para su estrategia cortoplacista lo que le viene bien es lo que hizo el viernes: pedir en el Congreso una comisión de investigación sobre la financiación del PP, con Bárcenas de protagonista y los testimonios televisados en directo de Aznar, Rajoy y casi todas las figuras relevantes de esta formación.

El PSOE se adelanta así a Ciudadanos y le pone en el brete de votar en contra de una de las seis condiciones que Rivera ha impuesto a Rajoy antes de que estos dos se hayan sentado a hablarlas. En la película de Pedro Sánchez se trata de comprobar quién es el pistolero más rápido del Oeste. Y, convencido de su rol ideal, ya ha disparado mientras Rajoy hace de sheriff sensato que quiere solucionar las cosas a base de negociar y no de emprenderla a tiros.

Alguno, o algunos, en el PP están tratando de convencer a su presidente desde que se celebraron las elecciones de diciembre de que en sus conversaciones con dirigentes socialistas ven muy factible que en cualquier momento estos van a obligar a Sánchez a recapacitar para que facilite que Rajoy gobierne de una vez. Sus presiones, sin embargo, se han quedado en nada hasta el momento. Los barones prefieren que su líder se queme permitiendo la investidura del candidato del PP in extremis para luego perder el control del partido en octubre. El líder popular, que acertó esperando a que Rivera madurara su apoyo, se ha equivocado al creer que los actuales dirigentes socialistas actuaran con la misma responsabilidad. No pueden hacerlo porque no la tienen.

Curri Valenzuela ( ABC )

 

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