EL SÁNDWICH DE CASÁLS SE QUEMÓ EN LA PLANCHA

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EL SÁNDWICH DE CASÁLS SE QUEMÓ EN LA PLANCHA

Por una de esas filtraciones de los fiscales que se saltan el estado de Derecho para fastidiar a sus jefes hemos conocido esta semana que el Gobierno pactó con Atresmedia que la Sexta potenciara a Podemos para reducir el potencial electoral del PSOE. O sea, que son ciertos los rumores que han circulado los últimos años sobre la operación llevada a cabo por la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, y su consejero aúlico y presidente de La Razón, Mauricio Casals. Un fracaso total, según puede comprobarse a día de hoy.

Lo ha contado el propio Casals y lo hemos sabido por una fuente tan fiable como las grabaciones llevadas a cabo por la Guardia Civil cuando vigilaba a los implicados en el caso Lezo, entre ellos Edmundo Rodríguez Sobrino, consejero de La Razón y hombre de confianza para sus chanchullos en America Latina del ex presidente madrileño Ignacio González.

«El sándwich al PSOE con la Sexta funciona de cine», se vanaglorió Casals ante Rodríguez el pasado 26 de octubre cuando ambos planeaban cómo presionar a Cristina Cifuentes para que la presidenta de la Comunidad de Madrid dejara de investigar la corrupción en el Canal de Isabel II. Un sándwich que, por lo que era voz populi hace tiempo, consistió en dar cobertura mediática favorable a Podemos en los programas de debate de La Sexta para perjudicar al PSOE y simultáneamente beneficiar al PP al provocar el miedo entre los votantes de centro ante la perspectiva de que Pablo Iglesias sustituya a Mariano Rajoy en La Moncloa.

A corto plazo, el sándwich funcionó divinamente. De no haber sido por la Sexta quizás Podemos no tendría ni la mitad de los diputados con los que cuenta hoy. El descalabro del PSOE en las dos últimas elecciones generales ha ido acompañado, sin embargo, de un descenso notable en los escaños del PP. Rajoy ha necesitado dos citas electorales para poder asegurarse el Gobierno y lo mantiene actualmente con una incómoda minoría que no le garantiza ni la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado de este año, por mucho que Pablo Iglesias esté convertido en el líder de una oposición de la que los socialistas andan desaparecidos, inmersos en una grave crisis.

Como casi todas las operaciones políticas de salón y como el sándwich que se deja demasiado tiempo en la plancha, la operación Soraya-Casals ha cosechado con el paso del tiempo un fracaso para el Gobierno que en estos momentos contempla con preocupación la dura batalla entre Susana Díaz y Pedro Sánchez que puede reducir a cenizas a ese PSOE tan necesario para mantener pactos de Estado con el PP en cuestiones tan vitales como el freno a los independentistas catalanes. En Moncloa y en Génova se escuchan estos días lamentos por la posible desaparición de dirigentes socialistas del corte de Felipe González, Joaquín Almunia, Alfredo Perez Rubalcaba, sensibles a las grandes cuestiones nacionales, responsables a la hora de abordar el respeto a la Transición, el modelo de Estado, la unidad de España o las relaciones internacionales.

«A falta de un Pablo Iglesias, ahora tenemos dos», se duele un ministro de los varios que en su día se mostraron críticos con la decisión de Moncloa de promocionar a Podemos en las televisiones. El segundo sería, naturalmente, Pedro Sanchez, posible ganador que, una vez instalado en Ferraz, se dedicará a desestabilizar al Gobierno del PP y provocará un nuevo adelanto electoral. Los dos mayores temores de Mariano Rajoy.

Curry Valenzuela ( ABC )

viñeta de Linda Galmor

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