EL SEPARATISMO, POR SEPARADO Y SIN CUADROS

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EL SEPARATISMO, POR SEPARADO Y SIN CUADROS

La recta final de campaña ha destapado una cruda rivalidad que se mantuvo latente bajo el paraguas naif de Junts pel Sí: la que siempre existió entre la izquierda republicana y la derecha convergente. Cada vez es menos velado el reproche a Puigdemont que Junqueras, aun desde la cárcel, logra llevar a la campaña: él padece estoicamente la contrapartida penal de su coherencia mientras el ex president fugado rentabiliza en votos su libertad en Bruselas, y para volver a Cataluña exige pleitesía a todo el independentismo.

ERC ya no oculta su resentimiento hacia el mesianismo de Puigdemont, lo cual hace difícil que traben algún acuerdo en caso de que ambas fuerzas y la CUP no sumen mayoría absoluta. El horizonte poselectoral es incierto, pero la ruptura del bloque independentista sin duda es una buena noticia para todos los demócratas, pues aleja la posibilidad de la reiteración delictiva en la unilateralidad.

Por lo demás, la dependencia de ERC y de Junts per Catalunya de sus respectivos líderes revela una pobreza de cuadros alarmante. Dos partidos antaño vertebrados se han diluido en movimientos desestructurados, reunidos en torno a un amorfo nacionalpopulismo que corroe todas las instituciones, empezando por las de la política catalana.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor