Ser provida en Cuba te puede costar la vida

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“Ser provida en Cuba, me costó años de cárcel y tortura. Pero no me arrepiento”. La historia de la semana la protagoniza el autor de esas declaraciones. Un médico cubano que se jugó el tipo por ser fiel al juramento hipocrático: Oscar Elías Biscet.

Por cumplir con su deber de médico: curar enfermos (no matar sanos), Biscet perdió su trabajo y se pasó casi 12 años en las cárceles castristas.

Era joven, brillante, especialista en Medicina Interna, tenía toda una carrera por delante, pero cometió la imprudencia de denunciar las atrocidades que se hacían en los hospitales cubanos, y defender los derechos humanos pisoteados por la dictadura de Fidel, comenzando por el más básico de los derechos, el derecho a la vida.

Biscet hizo una una investigación sobre el fármaco Rivanol, que se usaba en el sistema de salud castrista y denunció que, cuando los bebés nacían vivos se les negaba la asistencia para dejarlos morir. Ya te puedes imaginar cómo reaccionó la Policía de Fidel. Ahí comenzó su calvario entre rejas.

Biscet no habría tenido el menor problema si hubiera guardado silencio y no se hubiera metido en camisa de once varas. Se vio obligado a elegir entre su conciencia y su carrera. Y… el resto ya lo conoces.

En Actuall nos pareció que el de Biscet era un ejemplo impresionante de coherencia: como profesional de la medicina y también como amante de la libertad frente a una dictadura. Y una bofetada moral para la legión de mudos que guardan silencio ante la masacre de inocentes en el vientre materno. En Cuba y quizá no tan lejos. Si, ya sé, el miedo es libre. Pero eso precisamente hace más grande la heroicidad del doctor Biscet.

Actuall

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