EL SHERIFF DEL CONDADO

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EL SHERIFF DEL CONDADO

En el lejano oeste el sheriff llevaba una estrella en el pecho, una revolver al cinto, un sombrero calado hasta los ojos y si las cosas se ponían muy feas se hacía acompañar de una escopeta de dos cañones para disuadir a los chulos, abusadores y cualquier tipo de delincuentes mal encarados que caminasen por su pueblo.

Algunos  masticaban tabaco y luego lo escupían como gesto de hombría y prueba de determinación para que nadie se tomase a chanza su voluntad de colocarle una bala entre los ojos al que osase desobedecer sus órdenes.

Esas eran sus armas de destrucción masiva en los pueblos y ciudades de miles de kilómetros a la redonda, en los que el oficio de sepulturero era de los más cotizados porque jamás les faltaba trabajo a quienes lo ejercían.

Con el tiempo la cosa se modernizó, la civilización se extendió por doquier, las leyes se universalizaron, empezaron a garantizarse los derechos de los justiciables y el sheriff dejó de ser una profesión romántica porque ya no podía tirar se gatillo para demostrar que era más rápido que el delincuente.

Ahora  los que ejercen ese oficio son los grandes capos mundiales que tienen reservada la exclusividad del derecho a matar de una sola vez a un montón de peligrosos enemigos, e intuyo que dar esa orden debe provocar un subidón inimaginable de adrenalina.

El OK Corral hoy está extendido por numerosos escenarios , y el duelo al amanecer se puede producir en cualquier momento entre dos, cuatro o seis de los locos que juegan estos días a ver quién de ellos es el más macho.

No resulta fácil saber quién miente más o falsifica mayor cantidad de pruebas para justificar la decisión de un ataque preventivo contra su enemigo y, como no quiero situarme en la equidistancia en un asunto como éste, el que más me preocupa es el mal pelao Kim Jong Un, porque es un criminal de masas al que se la bufa lo que le ocurra a su propio pueblo y mucho menos a los demás.

Mientras tanto ataques con armas químicas o las bombas que son la mala madre de todas las armas, se cruzan en un camino en el que hace tiempo que murió la paz, porque Al Qaeda y el Daehs existen y van haciendo su trabajo sin descanso sembrando de muertos cualquier país del mundo.

Los simples mortales somos espectadores de un momento histórico sin precedentes, no porque quienes nos gobiernan sean más crueles que otros dirigentes que les precedieron, sino porque son más estúpidos y tienen un arsenal militar más demoledor que el de hace setenta años.

Diego Armario

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