EL SILENCIO DEL GUERRERO

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EL SILENCIO DEL GUERRERO

Quién conozca a Javier Guerrero sabe que lo último que haría es callarse. Es como uno de esos personajes de la mítica serie Juncal que paraban siempre a una hora concreta en la barra de una taberna sevillana con un requiebro en la boca y un cigarro entre los labios. Esa parada técnica la hacía en El Caramelo después de jornadas que se prolongaban hasta las tantas de la madrugada, donde más de una vez se cerraron conflictos laborales entre gin tonics. Guerrero se ha quedado anclado en aquellos años ochenta, como Andalucía atrapada a la red clientelar que tejió el PSOE por una trama perfectamente engrasada que acoquinaba pólizas de prejubilaciones y concedía ayudas a empresas en situación de crisis.

Su locuacidad la demostró en la entrevista que concedió en exclusiva en ABC, donde se despachó a gusto como se suele decir. No dejo títere con cabeza. Señaló tanto a José Antonio Griñán como Manuel Chaves. «Ellos presidían un Gobierno que tenía que conocer el sistema. Griñán actuó como Pilatos, porque al ser consejero de Economía no tengo ninguna duda de que sabía cómo funcionaba la concesión de ayudas». Incluso recordó que el gabinete de prensa del presidente de la Junta le envío una carta para que aligerara la resolución de un conflicto en Lucena antes de la visita de Chaves. «Arréglamelo prontito, que tenemos que ir por allí», le instaban. Era año electoral. Y la consigna: «No queremos follón».

De pasada le hincó una pequeña estocada a Susana Díaz, como advirtiendo que todavía hubiera podido largar más. «¡Por Dios, cómo no lo iba a saber! Por los cargos orgánicos que ha tenido. Sobre todo, estando con José Antonio Viera -consejero de Empleo- de secretaria de Organización del PSOE andaluz». Para Guerrero los ERE funcionaban de forma piramidal. Estaba en boca de los agentes sociales, de los sindicatos, de las patronales y de los más allegados. Por eso, casi el 70% de las ayudas a empresas en crisis cayó en la Sierra Norte, donde estaba precisamente su pueblo, donde fue unos años alcalde.

También en instrucción el ex director general de Trabajo cantó por soleares. Cuando llamaba a la partida 31L con el nombre de «fondo de reptiles» y reconocía que su suegra estaba como una más entre los intrusos. «¿Acaso la condición de suegra o ser del Pedroso era una norma excluyente?». Como bien decía, que ahora está bien callado: «Parece que todos han seguido el caso por la prensa. Parece que la Junta era yo».

Su mutismo viene después de que la Audiencia de Sevilla le quite a Chaves y Griñán el delito de asociación ilícita, diluyéndose sus responsabilidades como un azucarillo, a pesar de que «todos se aprovecharon políticamente». El silencio de Guerrero es aún más elocuente que el ventilador en marcha de Francisco Granados.

Marisa Gallero ( ABC )