SIN PERDÓN Y SIN SOLUCIÓN

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SIN PERDÓN Y SIN SOLUCIÓN

La generación más cutre de los políticos de toda la historia de nuestra democracia anda liada en disquisiciones legales y en discusiones de corto alcance  en un torpe intento de poner parches a un problema irresoluble, porque  les ha tocado llegar tarde y desorientados a todos los retos de nuestro tiempo.

Con esto no quiero decir que quienes les precedieron jugasen en primera división,  aunque eran mejores, más serios y  con más poso intelectual y político, pero nadie podrá absolverles de las cesiones irresponsables que hicieron a los nacionalistas vascos y catalanes por un puñado de votos.

Todos han colaborado a llegar a donde estamos, y hoy a unos les importa más el beneficio electoral que consigan dentro de unos meses, porque esta legislatura no da mucho más de sí, y a otros les importa que todo el sistema se vaya al carajo para poder chapotear más a gusto en la mierda que destilan.

Unos y otros saben que la fractura social de Cataluña  no hay ya quien la pegue, porque para que tuviera remedio se necesitarían varias generaciones de desintoxicación de toda la mierda ideológica que les han inculcado desde los colegios.

Renunciar a ese reto sería de cobardes, pero no basta con tener determinación y arrojo para liberar a la sociedad catalana del virus supremacista que le han inoculado los políticos más irresponsables de la historia de este país desde que Viriato luchó contra los romanos.

Quienes no estén por aplicar la ley, merecerían encontrarse una noche  en un callejón con Clint Eastwood y que,  pistola en mano,  les dijese antes de escupir tabaco sobre sus botas, que para los indecentes y abusadores no hay perdón.   Pero estos son ensoñaciones de quienes estanos convencidos de que  la justicia solo existe en el cine y la literatura.

Yo sueño con que algún día, cuando las futuras generaciones de catalanes descubran  que el paraíso  que les prometieron se asemeja a la Albania de Enver Hoxha  o a la RDA que presidió Erich Honecker, despierten de la mentira en la que vivirán si finalmente se van de Europa, aunque antes se exiliarán muchos porque la persecución política y popular que hoy se produce a pequeña escala contra los que no piensan como ellos, se habrá institucionalizado.

El problema de los que viven y respiran por las consignas de la secta – profesores, periodistas, agitadores sociales y políticos-  es que un día serán víctimas de los supervisores de la pureza ideológica ,y entonces no tendrán a donde ir porque han creado un monstruo que les engullirá.

Diego Armario