¿ PARA QUÉ SIRVE LA EUROORDEN ?

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¿ PARA QUÉ SIRVE LA EUROORDEN ?

La negativa de la Cámara del Consejo de Bruselas a entregar a los ex consellers Lluís Puig, Toni Comín y Meritxell Serret, alegando un defecto de forma, añade descrédito a la figura de la euroorden, ya muy dañada tras la decisión del tribunal de Schleswig-Holstein. Corren buenos tiempos para el euroescepticismo y malos para renovar la fe en el proyecto europeo, fundado sobre el principio de mutua confianza entre países amigos.

Aunque el Tribunal Supremo va a esperar a recibir la resolución, tiene buenas razones para sospechar de la «ausencia de compromiso» de la justicia belga, que aduce una disparidad de criterio entre la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo que no existió. Pues la orden emitida por el juez Pablo Llarena -la segunda tras retirar la primera en diciembre- se basa en el mandato de arresto nacional emitido por la juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela en noviembre. Pero como el tenor literal de los cargos redactados por uno y otra no coincide, la justicia belga entiende que la euroorden no puede ser tramitada, ignorando voluntariamente la cadena lógica que llevó a Llarena a pedir la entrega internacional precisamente porque los procesados habían huido de una orden de detención nacional.

Para no entregar a Comín, Puig y Serret se tenía que presuponer que no pesaba sobre ellos orden de detención efectiva en España. Es decir, a juicio del fiscal belga nada les habría pasado si hubieran cruzado la frontera y se hubieran presentado en sus escaños. Una hipótesis desmentida contundentemente por la experiencia personal de Oriol Junqueras o los Jordis. La Sala Penal ha señalado atinadamente que «solo el desconocimiento de nuestro ordenamiento jurídico permite obviar el auto de procesamiento en el que descansa la euroorden».

Tan peregrino modo de discurrir no solo supone una extralimitación, sino que bordea el desafío a un Estado miembro de la Unión. A decir verdad no sorprende demasiado semejante actitud, tratándose de un país a menudo cuestionado por sus fallas de seguridad, y escogido justamente por eso como primer destino de fuga de Carles Puigdemont. El Supremo ya temía este resultado cuando, en un gesto de insólita desconfianza, la Fiscalía de Bruselas le solicitó información complementaria a la euroorden, demanda que Llarena atendió aclarando que el auto de procesamiento en el que se basa la euroorden refleja su decisión de no modificar la orden de prisión que había acordado la juez de la Audiencia. Pero ha dado lo mismo, y a buen seguro la defensa de Puigdemont tratará de extender idéntico criterio exculpatorio a su cliente.

Llarena puede ahora enviar una nueva petición de entrega de los tres fugados adjuntando la orden de detención nacional, pues la impunidad no es una opción. Pero la imagen de España no se puede permitir más resbalones. La de Europa tampoco debería permitírselos.

El Mundo