STALIN, ACÁBATE LA SOPA

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STALIN, ACÁBATE LA SOPA

Rusia vio desvanecerse en los 90 parte de sus territorios, y ahora teme que -en el vasto espacio que todavía le queda- sea la población la que poco a poco se vaya por el sumidero demográfico. La tasa de nacimientos ha sido en 2017 la menor en una década: 1,69 millones de rusos vinieron al mundo. Eso a pesar del gasto gubernamental -siempre oportuno antes de las elecciones- para que los rusos se animen a procrear, una actividad que la población se toma muy en serio: suele ser con poco más de 20, sin esperar a tener la vida bajo control o haber construido una zona de confort a la que acostumbrarse demasiado. Este arrojo es llamativo en una población que muchas veces destaca por su falta de confianza en el mañana.

La imagen de una Rusia vaciándose de contenido en sus fronteras orientales, quelimitan con una China rebosante de población dispuesta a colonizar por goteo suelo eslavo, es un tanto exagerada. Pero con el debate sobre la escasez de población incluso se ha utilizado la urgencia demográfica como razón para mantener legalmente a los gays bien metidos en el armario, no vaya a ser que el macho de la estepa se distraiga.

La batalla de la natalidad tiene sus daños colaterales. Algunos ciudadanos han revestido la procreación de tanto ingrediente patriótico que han llamado a sus hijos Siria o Crimea. Otros han bautizado al pequeño con su personaje histórico favorito, y en casa ahora se oye: “Stalin, acábate a la sopa”. Putin, aunque es un apellido, también se está usando como nombre. Hay parejas que llevan la locura a su terreno, como la que quiso llamar a su hijo BOCh rVF 260602. Significa algo así como “Objeto humano biológico del gen Voronin-Frolova, nacido el 26 de junio de 2002”. La ley rusa, que permite bautizar con el nombre de genocidas, les dijo que no podían usar un número de serie. El niño sigue sin partida de nacimiento.

Xavier Colás ( ElMundo )