SU MAJESTAD EL ODIO

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SU MAJESTAD EL ODIO

“Que se muera la zorra vieja ya” (Carmena, alcaldesa de Madrid). “Hijo de perra, hay que matar al cerdo ese, al coletas”. “Matar a Ana Pastor y al indeseable de su marido, Antonio Ferreras“. Pensó un filósofo, antes de que se inventaran las redes sociales, que con las piedras que te tiran los enemigos puedes erigirte un monumento. Pero es que ahora no tiran piedras sino ultimátums de muerte y calumnias imborrables. El chat por WhatsApp de 100 policías municipales de Madrid amenazando a políticos, periodistas, emigrantes, es una muestra más del aborrecimiento que inunda las redes sociales, la vida real y la virtual. Si no nos amparara Europa, quizás estuviéramos otra vez a tiros.

Ante esta orgía de nueva mala leche, rebrote de la mala saña de siempre, dan ganas de dejar de escribir. Estamos rodeados de fanáticos. Las manifestaciones de intolerancia -que ya habían desaparecido de entre nuestras costumbres-, vuelven incluso a una Policía que tiene el deber de protegernos. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado han alcanzado un gran nivel de respetabilidad por su defensa de la Constitución y de las libertades que no pueden ser oscurecidas porque un grupúsculo de trastornados se dedique a amenazar a la gente. Pero cuidado con los síntomas; aunque “la puta que parió al bastardo” (Brecht) no esté de nuevo en celo, pueden volver los tiempos sombríos.

El movidón de Cataluña está convirtiendo la libertad en rencor, allí y acá. El odio a España de los nacionalistas catalanes está siendo muy bien correspondido y vuelve a reinar en todo el país lo que Baroja llamaba ‘su majestad el odio’. El aborrecimiento, como el pánico bancario, como los virus, como los seísmos, se extienden con rapidez desde el foco a los perímetros geográficos. Ya se dijo que basta con que un hombre odie a otro para que el odio vaya corriendo hasta la humanidad entera.

El rencor social suele rebrotar de las ideas enterradas por absurdas, que provocan más fanatismo que las ideas nuevas. No sé quien dijo que los estúpidos, igual que los cuervos, sólo huelen las cosas muertas. Inesperadamente algo tan antiguo como el nacionalismo, manipulado por las modernas técnicas de propaganda, ha sacado de los garajes de la historia a las camionetas de las sacas, por ahora virtuales. Recordemos que no hace tanto que se pasó de las musas al genocidio, no en los países africanos o asiáticos sino en la Europa de la razón y de los derechos humanos, la Europa que se edificó sobre las cenizas de los campos de concentración.

Aquí hay cada vez más denuncias por delitos de odio; cada vez más agresiones relacionadas con causas racistas, sexuales, ideológicas. SM el odio será este año el cuarto rey mago.

Raúl del Pozo ( El Mundo )