SUSANA TIENE MIEDO

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SUSANA TIENE MIEDO

Detrás de la propuesta de derogar la reforma laboral que el Congreso debatió anoche estaba el intento de Susana Díaz por presentarse como adalid de las esencias de la izquierda socialista para conseguir la secretaría general de su partido. La presidenta andaluza se ha montado eso que los políticos de ahora llaman «un relato» para ir rescatando los pilares tradicionales del PSOE en Educación, Sanidad y Dependencia. Su empeño es personal: las encuestas la presentan demasiado escorada a la derecha. Tanto, que es la preferida para liderar la oposición entre los votantes del PP, no entre los suyos.

La agenda de Susana Díaz dedica más espacio a los actos con ese cariz nacional que a los propios del gobierno de Andalucía desde que lideró la campaña para poner a Pedro Sánchez de patitas en la calle. El próximo será un macro mitin para celebrar con José Luis Rodriguez Zapatero los diez años de vida de la Ley de Dependencia. Una Ley que nunca ha llegado a entrar en pleno vigor por falta de fondos, pero eso es lo de menos para que los socialistas se cuelguen otra medalla teñida de demagogia.

La distancia que va del dicho al hecho es el mayor hándicap para que la presidenta autonómica dé el salto a la política nacional sin dejar, como ella quiere, su despacho de Sevilla: el estado de la Sanidad en su comunidad tiene en pie de guerra a una recién creada marea blanca que se aparece en modo de manifestaciones en muchos de sus actos públicos; el último informe PISA ha dejado por los suelos el nivel de la Educación en Andalucía frente al del resto de España. Díaz ni siquiera cuenta con el apoyo unánime de los socialistas andaluces. En los próximos días se va a presentar en Sevilla una plataforma crítica que tampoco le va a hacer ningún favor.

 Dicen los suyos que Pedro Sánchez ya no le preocupa. Lo que desvela a la presidenta andaluza es que todo su esfuerzo de los últimos meses vaya a quedar en nada por la aparición de una tercera vía que convenza a demasiados militantes del PSOE de que no es ella la única candidata posible a la secretaría general. Ya aparecen nombres, aparte del de Patxi López: Ramón Jaúregui, dicen que el favorito de Rubalcaba; Ignacio Urquizu, el joven sociólogo diputado aragonés a quien todo el mundo alaba. O el mismo Javier Fernández, el presidente asturiano y de la Gestora que está trabajando tan eficazmente o más que Susana Díaz. Y sin hacer ruido.
Curri Valenzuela ( ABC )

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