TABARNIA HA EXISTIDO SIEMPRE

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TABARNIA HA EXISTIDO SIEMPRE

Con todo, lo más divertido de lo de Tabarnia es el ceño fruncido de los que se dicen no nacionalistas. Esa parte de la izquierda dispuesta a sacudir con la sátira cualquier sensibilidad reaccionaria excepto la de los verdaderos reaccionarios, en este caso la de los fervorosos hijos de la nación excluyente. Puede que no haya nada más retrógrado que esa fábrica de extranjería erigida sobre supersticiones que es el separatismo y sin embargo hay guardianes del progreso que siempre terminan ofreciéndose como escudos humanos para protegerla. No vaya a ser que la carcajada rompa el hechizo que mantiene el incomprensible prestigio intelectual del nacionalismo.

Andan por ahí estos jorgesdeburgos -por cegatos, por envejecidos y por amargados- diciendo que ni se van a dignar a mentar la ocurrencia, como si fuera el segundo libro de la Poética de Aristóteles. Hace unos días lo de Tabarnia no era más que un chiste de Twitter sin demasiada gracia. Lo que pasaba es que estaba incompleto, requería de su participación para convertirse en lo que es hoy: un juego retórico que, sin demasiado esfuerzo, sitúa al nacionalismo en su lugar.

 Tabarnia es la consecuencia inevitable del independentismo, la ruptura que provocaría la ruptura y que a su vez provocaría nuevas rupturas. Pues si Tabarnia existiera, en su interior alojaría otra microentidad, una barriada de privilegiados, que pronto adoptaría su lógica dislocada para quebrar la convivencia con la coartada de la incomodidad. Al fin y al cabo el nacionalismo vive de esa malversación de los sentimientos que se llama capricho.

Rafa LaTorre ( El Mundo )